Champions de vergüenza

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Las semifinales de esta Champions de vergüenza las jugarán el Real Madrid (4º de la Liga española, a 15 puntos del líder, el Barça), la Roma (4º a 21 puntos del líder, la Juventus), el Liverpool (3º empatado con el 4º a 17 puntos del líder, el Manchester City) y el Bayern, que le saca 20 puntos al segundo y era campeón de la devaluadísima liga alemana ya antes de jugar contra el Sevilla. Digo esto, porque el equipo que gana la Champions se autoproclamada mejor equipo de Europa. Y no siempre es así. No lo será así esta vez. No creo que ninguno de los 4 semifinalistas sea el mejor equipo de Europa. Igual habría que revisar el formato de la competición. Resulta evidente que los equipos que mandan en las ligas más potentes consumen mucha más energía y recursos en sus competiciones domésticas y eso les ha pasado factura, de una u otra forma, en el máximo torneo continental. Jugar cada 3 días y atender a varios frentes a la vez trae como consecuencia que se produzcan resultados tan sorprendentes como los que han sufrido las eliminatorias Barça-Roma y Juventus-Real Madrid. Nadie esperaba la eliminación del Barça, del mismo modo que nadie esperaba que a falta de 30 segundos para el final la Juve ganara 0-3 en el Bernabéu.

La diferencia entre Barça y Madrid ha estado, una vez más, en ese detalle arbitral que casi siempre acaba cayendo del lado blanco. Por muchos Ovrebos y Aytekin que se inventen en la capital, no hay otro equipo en el mundo al que piten el penalti de Benatia a Lucas Vázquez a falta de 30 segundos para el inicio de una prórroga que beneficiaba sin duda a la Juventus. Casualmente, los dos expertos arbitrales de los periódicos de Madrid lo tienen clarísimo. En Marca, Andújar Oliver: “No hay contacto suficiente para decretar penalti. Benatia llega a tocar incluso el balón”. Iturralde González, en AS“No es suficiente para pitar penalti, el árbitro tiene muchísimas dudas. Si no las tuviera, habría echado a Benatia”. Sin embargo, para la inmensa mayoría de la afición madridista será un penalti clarísimo, los medios harán de ello un debate permanente por aquello de la interpretación y mañana ya nadie se acordará de Michael Olivier. El arbitro inglés, por cierto, tiene sólo 33 años y era la primera vez que pisaba el Bernabéu. Se supone que la UEFA lo habría mandado porque parecía un partido fácil de antemano, pero con esa juventud es más que probable que se dejara impresionar por el ambiente y por tener que tomar esa decisión mayúscula en aquel preciso momento. Siempre parece mejor equivocarse a favor del equipo más poderoso. Si lo hace en contra, podría marcar su carrera.

Buffon, una leyenda del fútbol, tuvo así una triste despedida de la Champions y así lo hizo ver en sus declaraciones post partido: “Si tienes el cinismo de conceder un penalti así en el minuto 93 no eres un hombre, eres un animal. Si no tienes personalidad, quédate en la grada comiendo patatas con tu mujer y no te cargues una hazaña como ésta”. Su indignación era más que visible. Quizá por empatía con un excolega bajo palos, que además acabó expulsado, Chilavert fue más allá en twitter: “La mafia del fútbol deja fuera a la Juventus”. Yo no diría tanto, pero igual que en España los árbitros son mayoritariamente del Madrid, quizá en Europa también se esté dando una situación similar. No lo sé. El inventado penalti a Kroos de la anterior eliminatoria ante el PSG y la expulsión de Verratti en la vuelta. La roja a Dybala en Turín y ahora este penalti cuando el Madrid estaba contra las cuerdas. En la ida frente a la Roma hay un empujón clarísimo a Messi dentro del área que le manda a 2 metros y no se pitó nada. Lucas Vázquez ni siquiera tiene controlado el balón cuando nota el contacto de Benatia y se tira. A Fazio debieron expulsarle claramente en el partido del martes en el Olímpico. Son detalles, sí, pero en esta competición, dada la igualdad cada vez más creciente, los detalles cuentan. Y siempre parecen estar del lado del Madrid. Al Barça, desde luego, lo que no le favorece para nada es que se pite el himno y se organicen protestas en cada partido del Camp Nou. Eso resulta evidente. Lo dicho, una Champions de vergüenza.

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