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Messi es la perfección hecha futbolista

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El Hombre de Vitruvio es uno de los símbolos más emblemáticos y reconocidos de la historia del arte. Lo tenéis abajo a la derecha de la foto de Messi donde agradece con su clásica humildad, la cabeza agachada, los aplausos y vítores de la afición del Villamarín. El dibujo lo hizo Leonardo da Vinci alrededor de 1490 y simboliza el ser humano perfecto, las proporciones ideales que debería tener de acuerdo a las matemáticas. En el twitter del Barça me encontré otra imagen del crack azulgrana como Hombre de Vitruvio e inmediatamente encontré la inspiración: Messi es la perfección hecha futbolista. Lo es por la exactitud y precisión con la que juega al fútbol. Da igual que sean goles, controles o pases. En el diario Sport, Francesc Xavier Álvarez, profesor de física de la Universidad Autónoma de Barcelona, explicaba que su tercer gol de vaselina tenía un escasísimo margen para hacerse de otra manera, tanto por la velocidad con la que salió el balón de su bota izquierda como por el ángulo que le dio. Un pelín más fuerte o menos angulado y la pelota habría acabado fuera o en las manos del portero.

La sutileza de ese toque es algo que Messi es incapaz de explicar, claro, porque su cerebro es el que procesa en milésimas de segundo todos esos cálculos matemáticos. Él sólo juega al fútbol, lo que ha hecho desde niño. A base de tantas repeticiones y tanto ensayo-error, sus conexiones neurológicas son capaces de ejecutar ese golpeo con total precisión. Pero igual que eso es capaz de poner un balón en la escuadra en el primer gol al Betis o marcar sin controlar el balón, al primer toque, en el segundo tanto. A mí, como a Valdano, me sigue sorprendiendo la perfección y limpieza de su golpeo, de su remate. Por no hablar de sus maravillosos controles o por cómo conduce y cómo asiste a sus compañeros, con precisión casi quirúrgica. Cuando el balón pasa por él, parece que el fútbol fluye con la naturalidad de una fuente, porque casi nunca se equivoca al elegir lo que debe hacer, parece que siempre hace lo que requiere la jugada.

Por supuesto, cuando hablo de perfección, tratándose de un ser humano, nunca puede ser total. A eso se agarran sus críticos, pocos pero ruidosos, porque son la mayoría madridistas, claro. Cuando falla en algún partido, en alguna ocasión, ya sea importante o no tanto, se ensañan con él, obviando, por supuesto, las millones de tardes y noches de gloria que ha dado al barcelonismo (y las de perros al madridismo, obviamente) desde que debutó en 2004. Pero su impacto en los resultados del Barça en 4 de cada 5 partidos que juega es brutal. Messi no es perfecto, porque entonces no sería un hombre sino una máquina, un robot, pero es lo más parecido a la perfección hecha jugador de fútbol que yo he visto en mi vida, sobre todo, por la regularidad con la que ha hecho del asombro casi una normalidad. A nosotros los aficionados azulgranas Messi no nos tiene que dar ni más Champions ni más trofeos (que lo hará, sin duda): ni en varias vidas podríamos agradecerle todo lo que nos ha hecho disfrutar durante todos estos años. Eso es algo que muchas otras aficiones de otros equipos (menos la del Madrid, digo, y no al completo) son capaces de entender y aplaudir.

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