Messi es único, pero el Barça seguirá ganando sin Messi

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Desde que sufriera sus primeras lesiones musculares, cuando Rijkaard tenía que consolarlo cuando salía llorando del campo, cualquier ausencia de Messi siempre provoca en el barcelonismo cierta desazón e intranquilidad. Normal. Estamos tan acostumbrados a jugar y a ver al argentino en los últimos 13 años que parece como si nada fuera a funcionar sin él sobre el campo. Messi es único. Todos los culés lo sabemos desde siempre. Pero también sabemos que el Barça seguirá ganando sin Messi, como se ha demostrado en las últimas semanas. Quizá no tanto como se acumula en su particular sala de trofeos (33 títulos), pero seguirá ganando. No tengo ninguna duda. Desde que se partió el radio al principio del partido ante el Sevilla, el Barça acumula cuatro victorias y un empate. Ha goleado a su máximo rival por 5-1 y es el único clasificado en la Champions a falta todavía de 2 jornadas. Supongo que los analistas que llevan años y años diciendo que el Barça sufre una Messidependencia atroz, que es Messi y nada más que Messi, estos días andarán metidos debajo de las piedras.

En ausencia del argentino se ha visto que el Barça es mucho más que Messi. En primer lugar es su cantera, la que todavía queda en el equipo y que debería ir renovándose en los próximos años, sobre todo porque Piqué, Alba y Busquets (tres de los que más han arrimado el hombro junto a Sergi Roberto y Rafinha en estos últimos partidos) ya van teniendo una edad. En segundo lugar es una clase media alta muy comprometida representada en los Suárez y Rakitic que han dado un paso al frente asumiendo la responsabilidad que recaía en Messi. Y en tercer lugar es la fuerza que representan las nuevas incorporaciones como Arthur, Coutinho o Dembélé, con muchos años todavía de carrera por delante. Hay un buen equipo sin Messi y lo habrá en los próximos años.

La mayor fuerza del Barça en los últimos partidos ha sido precisamente el conjunto: todos presionando al mismo tiempo, apoyándose, con solidaridad, defendiendo y atacando a la vez. Sin esa base detrás, Messi, el mejor solista de todos los tiempos, ya lo he dicho muchas veces, no sería nadie. Cuando el equipo funciona, el argentino es la guinda que le da ese extra de calidad que hace falta para competir por todos los títulos. Cuando el equipo no ha funcionado o lo ha hecho de forma defectuosa, también el rendimiento de Messi ha menguado de forma proporcional. Así le ha pasado casi siempre con Argentina, salvo en su época casi de juvenil con los títulos en el Mundial Sub-20 (2005) y Juegos Olímpicos (2008). El crack azulgrana ha visto en primera línea cómo el equipo puede vivir perfectamente sin él. Por eso, no estaría mal que aprendiese a dosificarse a partir de ahora. Creo que el descanso de estas tres semanas, unido a que no irá con su selección al menos hasta el año que viene, le vendrán muy bien al final de temporada. Messi solía dosificarse durante el partidos, porque sabía que iba a jugar más de 50 por temporada, sin contar los de Argentina. Así lleva los últimos 10 años. Sería imposible jugarlos todos a la máxima intensidad. Contra el Tottenham en Wembley ya vimos un Messi muy comprometido a nivel defensivo, no sólo en ataque, donde nunca se esconde. Su lesión vino en parte porque intentó recuperar un balón dividido, en otro partido exigente contra el Sevilla, ante el Mudo Vázquez. Ya va siendo hora quizá de que Messi concentre toda su energía en 35-40 partidos, los verdaderamente importantes, los decisivos, y deje que el equipo, que está funcionando bien, se encargue del resto. Eso será muy bueno para él y para todos nosotros.

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