Barça, todo un líder en resiliencia

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Los jugadores del Barça en el funeral de Tito Villanova (fcbarcelona.es).

MIGUEL ÁNGEL CALERO 

Según la RAE, la resiliencia es la “capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. La psicología ahonda un poco más en la definición y utiliza el término resiliencia para referirse a la capacidad para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas. Cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por éstos. Según el Instituto Español de Resiliencia, tras superar la adversidad, el individuo o grupo alcanza un estado de excelencia profesional y personal. Desde la neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos.

Definida lo que es la resiliencia y visto el historial de infortunios, desgracias y polémicas en las que se ha visto envuelto el Barcelona desde antes incluso de comenzar la temporada, habría que concluir que el equipo azulgrana es todo un líder en el desarrollo de esta capacidad. Parece que el Barça se ha acostumbrado a convivir con la adversidad, con los contratiempos y que sale fortalecido de ellos. Si no, parece casi inexplicable o un milagro que el equipo haya ganado ya un título (la Supercopa de España), esté en la final por obtener otro (la Copa) y siga peleando todavía por la Liga y la Champions.

Repasemos un poco esta temporada, que ya empezó torcida. La recaída de Tito en su enfermedad obligó a buscar un entrenador a la carrera. Recuerden que Martino fue presentado en el Camp Nou en la previa del día que el Barcelona jugaba su segundo amistoso de la pretemporada. Luego ya no ha habido tregua. A las críticas al técnico argentino por el mal juego del equipo (que si perdía la posesión, que si traicionaba el estilo…) se han sumado las lesiones de los dos cracks del equipo: Messi y Neymar. El segundo sólo ha estado fuera de combate un mes, pero el primero se perdió prácticamente el primer tercio de la temporada. Los dos, además, también han vivido polémicas extradeportivas elevadas a categoría de suceso extraordinario. Messi, por el asunto con Hacienda, y Neymar, por los números de su contrato que también han derivado en un contencioso con el fisco.

Desgracia también fue la lesión de Valdés (¡con lo difícil que es que un portero se lesione!) en un amistoso con la Selección. El guardameta, uno de los puntales del equipo los últimos años, estuvo fuera del equipo desde mediados de noviembre hasta el comienzo de este año. Recientemente, Puyol, el capitán de la época más gloriosa del Barça, anunció que dejará el equipo en junio. Y hasta Iniesta se cayó del último partido en Valladolid porque su mujer perdió el hijo que iban a tener. Por si esto fuera poco, el Barça ha sufrido hasta un cambio en la presidencia: Rosell renunció hace poco al cargo por su renuncio a la hora de explicar los números del contrato de Neymar. Paradójicamente, toda esta adversidad, en lugar de ir mermando al equipo, ha tenido casi el efecto contrario. El Barça parece más redondo ahora que al comienzo de la temporada. Aunque últimamente haya tenido pinchazos gordos como los de San Sebastián o Valladolid.

La situación, en cualquier caso, no es nada nueva en can Barça. Veamos las últimas temporadas. El periodo más exitoso en la historia del club azulgrana, la etapa de Guardiola con el añadido del curso de Tito (15 títulos o 16 si consideramos también la última Supercopa de España), comenzó con el shock de las bajas que quería dar el nuevo técnico en 2008: Ronaldinho, Deco y Etoo. Los tres jugadores eran iconos del proyecto anterior y significaban una abrupta ruptura con la etapa de Rijkaard, que había dejado dos últimos años en blanco para la entidad, pero que también había tenido que superar cuatro roturas de cruzado al mismo tiempo (Motta, Edmilson, Gabri y Larsson) para ganar su primera Liga y que había hecho doblete (Liga y Champions) cuando a Xavi le ocurrió lo mismo y se perdió la temporada 2005-06.

Etoo, el goleador del equipo (marcó en dos finales de Champions), fundamental con Ronaldinho y Deco en la primera etapa de Rijkaard, aplazó su adiós una temporada, pero también acabó marchándose. Ese periodo (2008-13) también vivió una crisis institucional constante. Laporta superó una moción de censura, la casi constante dimisión en goteo y en bloque de directivos y el escándalo de los espionajes en la Junta, además del deterioro de su propia imagen.

En 2010, también hubo un cambio en la presidencia, se fue Laporta y entró Rosell, y le detectaron un tumor en el hígado a Abidal. El defensa francés era titular y estaba en una gran forma como central zurdo. La noticia se conoció tras ponerse el Madrid de Mourinho a cinco puntos del Barça en la Liga. Sin embargo, el equipo no perdió ningún partido hasta cantar el alirón en el campo del Levante y Abidal se recuperó a tiempo de levantar al Champions en Wembley en mayo de 2011.

Justo un año después, el internacional francés sufrió una recaída y tuvo que ser sometido a un trasplante de hígado. Antes, en noviembre de 2011, se supo por primera vez de la enfermedad de Tito Vilanova: cáncer en la glándula parótida. Un mes después de esta otra mala noticia, Villa se rompía la tibia izquierda en el Mundial de Clubes, lesión que le haría perderse el resto de la temporada y la Eurocopa de 2012. Para rematar, Guardiola anunciaba su adiós antes de que se disputase la final de Copa. Lejos de lamerse las heridas, el equipo apretó los dientes y siguió ganando. Menos, pero siguió ganando. Cuatro títulos esa temporada: Supercopa de Europa, Supercopa de España, Mundial de Clubes y Copa del Rey.

La pasada campaña es aún más reciente. El Barça estuvo prácticamente sin entrenador desde la recaída de Tito en diciembre 2012, cuando tuvo que volver a ser operado de su tumor. Además, el equipo sufrió la ausencia de Messi en el último tercio de curso. El Barça fue humillado por el Bayern en la Champions y eliminado por el Madrid de la Copa, pero ganó la Liga, que era la cuarta de los últimos cinco años y que cerraba un periodo de éxitos continuado que no se conocía en el club desde la época de Cruyff como entrenador.

Cruyff precisamente también pasó lo suyo. En su etapa como técnico, sufrió un infarto que le obligó a pasar por el quirófano en febrero de 1991, en mitad de la temporada. Rexach, su segundo, tomó entonces los mandos del equipo, pero éste no bajó de rendimiento hasta imponerse en la primera de las cuatro Ligas consecutivas que ganaría. Rexach ya tenía experiencia en suplir al primer entrenador. Había hecho de Luis Aragonés durante algunos partidos mientras éste se recuperaba de una depresión en la temporada 87-88. Aquella fue otra temporada muy convulsa. Terminó con los jugadores amotinados contra el presidente Núñez, del que pedían su dimisión, episodio que pasó a la historia como el Motín del Hesperia. Milagrosamente, el curso, otra vez con Luis Aragonés en el banquillo, se salvó con el título de la Copa del Rey en una final ganada a la Real Sociedad.

La tuberculosis que padeció Kubala durante al temporada 52- 53 y por la que sólo pudo jugar 11 partidos (5 goles) no impidió al Barça hacer un doblete (Liga y Copa). La hepatitis que sufrió Maradona en su primera temporada sí que apartó al Barça de la pelea por la Liga, pero su concurso fue decisivo para alzar la Copa del Rey y la Copa de la Liga. En su segundo año, la lesión que le provocó Goicoechea, en cambio, sí tuvo consecuencias: año en blanco. El central bilbaíno también había lesionado a otra estrella del equipo azulgrana en la temporada 81-82, Schuster, pero el equipo se sobrepuso alzando la Recopa.

Como contraste, ha habido en el Barça otros episodios que han contribuido a potenciar esa imagen de fatalismo de la que no consigue desprenderse. En la campaña 2006-07, a falta de tres jornadas, Madrid y Barça estaban empatados a puntos, pero el Madrid va primero por sus enfrentamientos directos, favorables al club blanco, que ha recortado una desventaja de seis puntos. El equipo de Rijkaard gana con apuros al Getafe, pero pierde a Ronaldinho, su fetiche y mejor jugador, expulsado con roja directa, para el decisivo siguiente partido en casa frente al Espanyol. El Madrid juega en la penúltima jornada en Zaragoza, va perdiendo, pero logra empatar en el 88’. El Barça va ganando su partido y se deja igualar por el célebre Tamudazo en el 89’. Resultado: el Barça pierde una Liga que parecía suya durante buena parte de la temporada. La Prensa catalana, cómo no, vio persecución arbitral por el caso Ronaldinho.

Algo similar ocurrió en la campaña 96-97, también con Capello al frente del Real Madrid y con otro brasileño, Ronaldo, de estrella protagonista. “La selección brasileña se nos llevó a Ronaldo, que era nuestra bestia, nos sentimos tristes y desprotegidos y perdimos”, explicó Guardiola con algo de ironía antes de enfrentarse, ya como entrenador, al Hércules, equipo ante el que perdería dos veces como jugador aquella temporada 96-97. Ese curso los papeles estaban cambiados. El Madrid estaba delante y el Barça venía de atrás. En la jornada 39 (ese año había 42 porque había 22 equipos en Primera), el Barça, que lleva una racha de cinco victorias consecutivas, gana al Deportivo mientras que el Madrid pierde en San Mamés. La diferencia se queda en dos puntos favorables a los de Capello.

El siguiente partido del Barça es en Alicante, contra un Hércules ya descendido. Partido fácil para seguir presionando al líder. Sin embargo, esa semana se conoce que Ronaldo no seguirá en el Barça al fallar el intento de renovación por parte del club. ‘Gatillazo en la medianoche’, tituló AS al día siguiente. “La marcha de Ronaldo es una desgracia”, diría Robson, el entrenador de aquel equipo. Sin el brasileño, que no podía jugar contra el Hércules porque tenía partido con su selección, el Barça pierde 2-1 y deja en bandeja la Liga al Madrid, que gana al Extremadura 5-0 y canta el alirón a la siguiente jornada frente al Atlético. Con la ausencia de Ronaldo, que había sido decisivo para alzar la Recopa, el equipo también acaba la temporada ganando la Copa del Rey frente al Betis.

Perder una Liga en las últimas jornadas por una fatalidad no era nuevo en la historia del Barça. En la temporada 80-81, a falta de ocho jornadas, el Atlético era primero con 37 puntos y el Barcelona, segundo con 35. Tras un 6- 0 al Hércules, en el que Quini ha marcado dos goles, se produce el secuestro del delantero asturiano. Ocurre en la semana en la que los azulgrana visitan el Calderón para enfrentarse al Atlético. La conmoción en el vestuario es tal que el Barça no sólo pierde ese partido (1-0) sino que tan sólo sumará un punto en los cuatro encuentros que pasan hasta que Quini es liberado. La Real Sociedad acabaría ganando aquella Liga, pero el equipo, no obstante, se resarció ganando después la Copa del Rey al Sporting (3-1).

Más desgracia aún fue la muerte del defensa uruguayo Julio César Benítez, que ocurrió en la víspera de un Barça-Madrid de 1968 debido a una intoxicación alimenticia. A falta de cuatro jornadas para el final, el Madrid era líder con 37 puntos y el Barça segundo con 34. El partido se aplaza, pero se termina jugando tres días después del fallecimiento y, aunque el Barça se adelanta en el marcador, el Madrid empata (1-1) y sale del Camp Nou como virtual campeón. El Barça sólo fue capaz de ganar un partido más tras el fallecimiento de Benítez.

En el historial luctuoso del club azulgrana también figuran desde el suicidio con un disparo de su fundador, el suizo Hans Gamper, en 1930, probablemente a causa del crack bursátil del 29, hasta el fusilamiento de un presidente, Josep Sunyol, de ideología nacionalista catalana, detenido y ejecutado en la sierra de Guadarrama en los comienzos de la Guerra Civil, en 1936. El Barcelona, que ganó la primera Liga que se disputa en España en 1929, no volvería a alzar este trofeo hasta 1945.

El caso Di Stéfano, de nuevo recordado en la actualidad por el fichaje de Neymar, lleva molestando en el barcelonismo desde hace más de 60 años. Su frustrada incorporación al Barça llevó al club a ganar sólo dos Ligas y tres copas en la década que el argentino estuvo liderando la época dorada del Real Madrid. Más reciente es un periodo especialmente negro de la historia blaugrana, el que va desde la Liga ganada en 1999 hasta la primera de Rijkaard en 2005. Seis años en los que se suceden la dimisión de Núñez, la de Van Gaal y su esperpéntico regreso, el paripé-retirada de la Copa del Rey frente al Atlético y, sobre todo, la fuga de Figo al Real Madrid. El fichaje del portugués, que entonces era capitán del Barça, que había llegado al club de la mano de Cruyff, que había sido uno de los pilares del equipo de Van Gaal y que estaba destinado a servir de nexo con la generación que nacía de los Puyol, Xavi e Iniesta, se consideró un acto de alta traición por parte de todos los estamentos del club.

Las veces que Figo volvió al Camp Nou fueron un infierno para él y para todo el barcelonismo, que se sumió en seis años de sequía de títulos, un periodo, además, que coincidió con una etapa de esplendor en el Real Madrid, la de Del Bosque, con dos Champions y dos Ligas que contribuyeron a hacer más difícil de digerir esa época tan oscura. Tampoco es descabellado pensar que quizá de aquellas negras tinieblas surgiese la brillante última década blaugrana. Es una pura cuestión de resiliencia.

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