Cláusulas de rescisión: la libertad tiene un precio

Neymar y su padre
Neymar y su padre firman el contrato que le une al Barcelona, con una cláusula de 190 millones de euros (fcbarcelona.es).
MIGUEL ANGEL CALERO BEJARANO Cedric, centrocampista congoleño de 21 años, acaba de fichar por el Betis tras rescindir su contrato con el Numancia por un solo euro. Si Cristiano Ronaldo pretendiera hacer lo mismo, no cumplir con su compromiso con el Real Madrid, con el que le quedan dos temporadas, tendría que desembolsar nada más y nada menos que 1.000 millones de euros. La diferencia es abismal. Tan abismal que en esa diferencia están contenidas todas las cláusulas del resto de jugadores del planeta. Cedric y sus representantes confiaban, al poner esa cláusula tan baja, en que el rendimiento del futbolista despertara el interés de algún equipo de Primera. Y así ha sido. Cristiano, por su parte, también creía entonces que el Madrid podría ser el último equipo de su carrera. Veremos si lo es.
 
La cláusula de rescisión es un mecanismo para resolver de forma unilateral un contrato. Hasta el año 1985, en España los jugadores vivían un régimen de semi esclavitud por parte de sus clubes. Estos se aprovechaban del vigente entonces derecho de retención, que consistía básicamente en que los clubes tenían licencia para prorrogar el contrato a cualquier jugador que se le antojase, aunque el propio futbolista no estuviera de acuerdo. Le bastaba incrementar un 10% anual a su ficha para retenerle de forma indefinida. En 1985 vio la luz el famoso 1.006, un decreto que permite al jugador a partir de entonces desvincularse anticipadamente de su contrato de trabajo. La clave de todo es su artículo 16, que, bajo el epígrafe Efectos de la extinción del contrato por voluntad del deportista, dice lo siguiente: “Uno. La extinción del contrato por voluntad del deportista profesional, sin causa imputable al club, dará a éste derecho, en su caso, a una indemnización que, en ausencia de pacto al respecto, fijará la Jurisdicción Laboral en función de las circunstancias de orden deportivo, perjuicio que se haya causado a la entidad, motivos de ruptura y demás elementos que el juzgador considere estimable. En el supuesto de que el deportista, en el plazo de un año desde la fecha de extinción, contratase sus servicios con otro club o entidad deportiva, éstos serán responsables subsidiarios del pago de las obligaciones pecuniarias señaladas. Dos. La resolución del contrato solicitada por el deportista profesional, fundada en alguna de las causas señaladas en el artículo 50 del Estatuto de los Trabajadores, producirá los mismos efectos que el despido improcedente sin readmisión”.
 
Lo que viene a decir la ley, por si no lo han entendido bien, es que si el jugador quiere romper su contrato, puede poner una cláusula pactada de indemnización para hacerlo. Y que si no la pone, un juez valorará la cantidad que tiene que pagar por la ruptura. El primer deportista español que se acogió al 1.006, a este derecho de romper su contrato mediante una indemnización, fue Paco Llorente. El veloz extremo (“Puede que tenga cierto parecido con el azulgrana Tello, sí, pero creo que él tiene más calidad que yo”), sobrino de mítico Gento, fichó en 1985 por el Atlético, que lo había descubierto en el Móstoles. En principio, era para jugar en el segundo equipo, pero a la temporada siguiente dio el salto y se convirtió en una de las sensaciones de la Liga: jugó 26 partidos y marcó tres goles.
 
El Madrid se fijó en su juventud, 22 años, su proyección y su segundo apellido, Gento, toda una institución en el club. Y le ofreció multiplicar por 20 el sueldo que recibía en el Atlético: de 3 millones de pesetas a 60, de 18.000 euros a 360.000. El vallisoletano ni se lo pensó. En su contrato, Dorna, una empresa de representación entonces de reciente creación, había incluido una cláusula de rescisión de 50 millones de pesetas (300.000 euros). “Fue idea de Dorna, que es la que me llevaba los temas. Yo creo que los del Atlético ni pensaron en la cantidad de la cláusula. Yo creo que pusieron 50 millones por poner 50, porque yo ganaba poco y pensarían que si luego iba a un juicio igual sacaban menos, no sé”, afirma Llorente. La directiva del Atlético estaba dispuesta a traspasarle por 300 millones (1,8 millones de euros) para batir el récord de su traspaso más caro, Hugo Sánchez, vendido dos veranos antes por 200 millones (1,2 millones de euros), pero no pudo hacer nada ante la nueva legislación. “Creo que sí les pilló por sorpresa. Se quedaron de piedra cuando les dije que la pagaba y me marchaba al Madrid. Ellos querían venderme por más dinero, claro, pero no podían”, asegura el extremo, que no recuerda bien la nueva cláusula que le puso el Madrid: “Creo que fueron 250 millones de pesetas (1,5 millones de euros), pero no me hagas mucho caso, no me acuerdo ni de los partidos que jugué, salvo aquel de Oporto que todo el mundo me recuerda siempre que puede”. Llorente tiene muy claro que las cláusulas de un contrato no sirven de mucho: “Al final, todo se negocia. Da igual la cláusula que tengas, si un jugador se quiere ir, se va y si un club quiere que se vaya, también”.
 
Sin embargo, el caso de Llorente abrió los ojos a los clubes, y para intentar que no se repitiese esta situación empezaron a poner unas cláusulas astronómicas a sus jugadores más cotizados, práctica que sigue muy vigente hoy día, según se desprende de estas palabras de Florentino Pérez en una de sus recientes y numerosas apariciones en los medios: “Pagamos bien a los jugadores y ponemos cláusulas prohibitivas. No somos un club vendedor”. Nada nuevo. Los 1.000 millones de las cláusulas actuales de Cristiano y Kaká tuvieron su antecedente en la que Manuel Ruiz de Lopera, entonces presidente del Betis, le puso a Denilson, un virguero brasileño que fichó por 5.500 millones de pesetas (33 millones de euros) en 1998. Hace 15 años fue el traspaso más caro del fútbol mundial y para proteger su inversión le hizo un contrato de 11 años con una cláusula de 65.000 millones de pesetas (390 millones de euros). En realidad, lo que hizo Lopera, por supuesto con la complicidad del jugador, que firmó su contrato libremente, era retener al jugador durante toda su vida deportiva. Este desfase derivó en algún caso curioso, a modo de chanza, como el que protagonizó el internacional Francisco (Sevilla y Espanyol), que a sus 34 años firmó una cláusula de rescisión de 70.000 millones (420 millones de euros). “El fútbol se ha convertido en un cachondeo”, decía entonces José María Calzón, delegado del Espanyol. “Las cifras se están disparando. La cláusula de rescisión de Francisco es sólo testimonial. Sólo queremos ironizar sobre lo que está sucediendo en el fútbol. La Administración debería tomar medidas al respecto”.
 
No sólo la Administración no hizo nada desde entonces, sino que las cláusulas se fueron extendiendo desde el fútbol a otros deportes. Sonado fue el caso de Santi Blanco en el ciclismo, cuando dejó Banesto para fichar por Vitalicio Seguros a cambio de 100 millones de pesetas (60.000 euros) o los 1.000 millones de pesetas (6 millones de euros) que le pusieron de cláusula ¡¡¡¡al pelotari Augusto Ibáñez, Titín III!!!! Los conflictos tampoco tardaron en surgir y entonces los tribunales también dieron su veredicto. Por ejemplo, Óscar Téllez, que llegó a ser internacional con España, fichó en 1997 con el Alavés teniendo contrato con el Pontevedra. Su cláusula de rescisión eran 15 millones de pesetas (90.000 euros), pero un juez redujo la indemnización a sólo tres (18.000 euros) atendiendo a factores como el sueldo que cobraba, los años que le restaban de contrato y que su antiguo club se había retrasado en el pago de su salario. Similar fue el caso de Mista cuando abandonó la cantera del Real Madrid para fichar por el Tenerife. El jugador se declaró en rebeldía y alegó que su cláusula (750 millones de pesetas, 4,5 millones de euros) era desproporcionada en relación a su sueldo (2,5 millones de pesetas, apenas 15.000 euros anuales). El juez también le dio parcialmente la razón a él y al Tenerife, que fue condenado a pagar una indemnización de sólo 200 millones de pesetas (1,2 millones de euros).
Hace poco también se ha resuelto de la misma manera el caso Zubiaurre, que fichó por el Athletic en 2005 teniendo contrato con la Real Sociedad. En 2008, el Tribunal Supremo confirmó la sentencia del Tribunal Superior del País Vasco que bajaba la indemnización de los 30 millones de euros de la cláusula de rescisión a sólo cinco. Este caso junto a los anteriores y algunos más están sentando una jurisprudencia: las cláusulas son legales, pero la cuantía de la indemnización no tanto.
Si Cristiano decidiese dejar hoy día el Madrid por las bravas y llegar hasta las últimas consecuencias es seguro que ni él ni el club que lo pretendiese fichar tendrían que pagar íntegra la cláusula de 1.000 millones de euros. Si fuera a los tribunales, seguro que un juez consideraría eso desproporcionado en base a que sólo le quedan dos años del contrato de seis que firmó en su día y que su sueldo es de unos 10 millones de euros. Pero en su contra iría la gran inversión que tuvo que realizar en su día el Real Madrid, de casi 100 millones, así que la indemnización tampoco podría ser muy baja. En realidad, lo que haría el juez es fijar en torno a unos criterios objetivos o subjetivos, el valor de un posible traspaso en la actualidad. ¿150.000 millones?
Y eso precisamente es a lo que tienden las actuales cláusulas de rescisión, a ser más bien una tasación del jugador, sobre todo en el caso de los clubes considerados vendedores. Un ejemplo pragmático de esto último puede ser la reducción de la cláusula de Agüero (de 60 a 45) un año antes de ser traspasado al City o los vaivenes que ha dado la de Jesús Navas. El extremo del Sevilla amplió y mejoró su contrato en 2005 y su cláusula pasó de 18 millones a 70. Seis años después, en 2011 renovó hasta 2015, pero su cláusula, de manera sorprendente bajó a 35 millones. Ahora acaba de ser vendido al City por una cifra que se sitúa entre los 20 y 26 millones. A contracorriente de esta tendencia, dos clubes alemanes, Borussia Dortmund y Bayern de Múnich, que acaban de disputar la final de la Champions, han decidido que ninguno de sus jugadores tenga este tipo de cláusulas. “Tras lograr dos Bundesligas, un doblete y alcanzar la final de la Champions, ahora podemos esperar que los jugadores se vinculen al club sin dejar una puerta de escape”. Son palabras de Hans Joachim Zatzke, director general del Dortmund, una semana después de ver cómo Mario Götze, su gran estrella, aprovechaba la cláusula de 37 millones para romper su contrato y fichar por el Bayern Múnich, su gran rival en Alemania.
 
Götze, sin embargo, no tendrá cláusula en su nuevo contrato. “La pidió, pero la rechazamos”, ha dicho Karl Heinz Rummenigge, el presidente del Bayern, que también afirma que nadie en el club bávaro tiene este tipo de cláusulas para evitar posibles fugas. ¿Están los alemanes equivocados o lo estamos nosotros? Allí sólo hay una manera de romper el contrato de forma unilateral: los tribunales de justicia. Aunque solo sea por los trámites y el tiempo necesario para la resolución, ¿no será ésta una forma mejor de tener atado al jugador?

Aquí podéis comprar camisetas y cualquier artículo del FC BARCELONA

(Foto/Autor: Neymar y su padre firman el contrato que le vincula al Barça, con una cláusula de 190 millones/fcbarcelona.es)

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies