El Ajax de los 70, el equipo que revolucionó el fútbol

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Los jugadores del Ajax y el Panthinaikos salen a disputar la final de la Copa de Europa de 1971.

MIGUEL ANGEL CALERO BEJARANO
Bayern y Dortmund acaban de dar en la Champions, en la final y en semifinales ante Barça y Real Madrid, varias exhibiciones que tardarán tiempo en olvidarse, más en el caso del equipo azulgrana. Frente a los dos colosos españoles, los alemanes demostraron que tenían una marcha más, que sus jugadores, con igual técnica que la de los equipos españoles, lo hacían todo con mucha más intensidad, con más velocidad, anticipándose casi siempre al pensamiento de los rivales. Tanto en el Bayern como en el Dortmund vimos a defensas que atacaban como delanteros y a delanteros que defendían como defensas. A centrocampistas que organizaban, atacaban y defendían. Todo en función de quién tuviera la posesión de la pelota.

Al verlos atacar y defender con esa fiereza competitiva y con ese despliegue táctico tan rápido, (le viene al pelo un término alemán, blitzkrieg, que significa “guerra relámpago”), pensé si no estábamos ante una nueva revolución en el mundo del fútbol, similar a la que hace 40 años alumbró el gran Ajax de los años 70. El 30 de mayo de 1972, nuestro compañero Luiz Arnaiz elaboraba en el AS Color un “uno por uno”, al estilo Maldini, de aquel equipo holandés con nombre de guerrero mitológico (y de detergente) que iba a jugar la tercera final de la Copa de Europa de su historia. El Ajax había perdido la del 69 contra el Milán (4-1), había ganado la del 71 ante el Panathinaikos entrenado por Puskas (2-0) y se disponía a enfrentarse al Inter de Milán de Facchetti, Mazzola y Boninsegna.

Ese Ajax de leyenda, liderado por Johan Cruyff, no sólo ganaría esa final por 2-0 sino que también se impondría en la siguiente de 1973 a la Juventus, dejando un equipo para la historia, un auténtico equipazo que podría ser considerado como la bisagra entre el fútbol antiguo y el fútbol moderno. Aquel Ajax de los 70 no surgió de la nada, como bien recuerda Guardiola siempre que puede, sino que en su nacimiento fueron claves cuatro personajes fundamentales en la historia del club holandés: Jack Reynolds (1881-1962), Rinus Michels (1928-2005), Johan Cruyff (1947-¿?) y Stefan Kovacs (1920-1995). Tres entrenadores y uno de los cuatro grandes del fútbol mundial.

Por orden cronológico, Jack Reynolds fue un inglés de Manchester, extremo derecho del City y de varios otros equipos que, tras colgar las botas, entrenó en Suiza y se instaló en Holanda. En el Ajax estuvo 27 años repartidos en tres etapas: 1915- 25, 1928-40 y 1945-47. En ese tiempo, sentó las bases de lo que 20 años más tarde se conocería como Fútbol Total. Reynolds puso a toda la cantera del club holandés, de la que también se ocupaba, a trabajar con un mismo patrón de juego, vistoso, ofensivo, basado en extremos muy veloces y hábiles. Los futbolistas conectaban entre sí a base de rápidos pases, a un toque o dos toques, para lograr desordenar al rival.

Los equipos más atractivos y potentes de la época de Reynolds fueron el Wunder team austriaco de los años 30 y la fantástica Hungría de mitad de los 50 y es de suponer que copiaría bastante de su funcionamiento. El legado de Reynolds puede apreciarse hoy día en De Toekomst (“El Futuro”, en español), la fábrica donde se forman los jugadores del Ajax, la sede de su cantera. Las paredes de su interior están forradas con imágenes y datos de todos los jugadores que han llegado al primer equipo y que recuerdan un concepto crucial para llevar a cabo esta idea: no olvidar, si somos lo que somos es gracias a ellos. La filosofía del juego se resume en una sigla y cuatro palabras. TIPS, que viene de Technical, Intelligence, Personnality y Speed. Traducido sería que todo el que entra en el Ajax debe tener la técnica, inteligencia, personalidad y velocidad suficiente como para formar parte del primer equipo en el futuro.

Rinus Michels, por su parte, entró en el Ajax en 1940. Jugaba de delantero y subió al primer equipo en 1946, en la última etapa de Reynolds como entrenador. En este caso, el discípulo superó al maestro. Como ven, tanto en el caso del Ajax, como ocurre en la actualidad en el Barça, lo que importa es la idea. Y transmitirla. Y desarrollarla en el tiempo. Michels era de Amsterdam y estuvo toda su carrera en el club de su vida, hasta que una lesión en la espalda le puso fin en 1958, tras marcar 122 goles en 264 partidos. Siete años después de su retirada, en 1965, sin tener ninguna experiencia previa como entrenador, se hizo cargo del primer equipo. Entonces, quién lo diría poco después, el Ajax peleaba por no descender a Segunda.

Un par de meses antes de su llegada al banquillo, acababa de debutar en el equipo un jovencísimo Cruyff de 17 años, que había entrado en el club a los 10. Michels fue el que pulió aquel cuerpo flaco y desgarbado, de aspecto endeble, hasta convertirlo en uno de los cuatro mejores futbolistas de la historia. Los dos juntos, uno en el banquillo y otro en el campo, formaron un tándem (al que después se uniría como continuador de la idea el rumano Kovacs en el banquillo) que asombraría a Europa y al mundo por su revolucionaria concepción del juego.

Hasta la aparición de aquel gran Ajax, la mayoría de los equipos jugaban con las posiciones bien definidas: un portero, algunos defensas, pocos centrocampistas y muchos delanteros. Con algunas excepciones (Di Stéfano, Kubala o Suárez, que se manejaban por muchas par tes del campo), todos tenían su papel y su espacio, pero nadie se metía en el de los demás. Lo más revolucionario de aquel Ajax es que todos sus jugadores atacaban y todos defendían. La defensa sacaba la pelota jugada desde atrás con extrema facilidad y, a partir de ahí, se organizaba el juego de ataque.

En su primer entrenamiento, cuando se hizo cargo del equipo, Michels se dirigió a sus jóvenes jugadores y les dijo: “Vamos a organizar un estilo de juego al que llamaremos pressing football. Vamos a acosar sin tregua ni respiro al adversario para recuperar la posesión del balón y no ceder a ningún precio la iniciativa del ataque al contrincante, contando con dos requisitos básicos: un espíritu de lucha inquebrantable y una perfecta preparación física, sin los cuales el sistema se derrumbaría irremediablemente”. El 4-3-3 en el que formaban los jugadores del Ajax, su movilidad, el pressing que ejercían, lo bien que ejecutaban la trampa del fuera de juego y el continuo intercambio de roles que practicaban les permitían monopolizar el balón y progresar por todas partes del campo sembrando el desconcierto en los adversarios. Atacaban como los ángeles, pero también defendían como demonios, algo nunca visto antes.

El mejor de aquel equipo era Cruyff, sin duda, pero a su lado también brillaron jugadores importantes como Krol, Haan, Mühren, Neeskens, Keizer o Rep. Antes de jugar su primera final de la Copa de Europa en 1971, aquel equipo ya había apuntado que podía hacer cosas importantes. Por ejemplo, en el verano de 1966, la Selección Española que estaba concentrada en Galicia en vísperas del Mundial de Inglaterra lo sufrió en un amistoso de preparación. Como contó Alfredo Relaño en un artículo de El País, el nombre del Ajax sonaba a guasa en la España de entonces. Había un detergente que se llamaba así. Y nuestra Selección había ganado la Eurocopa de 1964. Pero los holandeses llegaron a A Coruña, se entrenaron nada más bajar del avión y ganaron al día siguiente por 1-2. Pirri reconoció que era la primera vez que se veían ante el juego de presión, ante la carrera de los delanteros para cegar la salida a los defensas, ante el movimiento al mismo tiempo de todo el equipo y ante la trampa del fuera de juego.

Todas esas novedades también castigaron con severidad al Liverpool de Bill Shankly en los octavos de final de la Copa de Europa 66-67 (5-1 en Amsterdam y 2-2 en Inglaterra). Y el Real Madrid pasó las de Caín para eliminarles a la temporada siguiente, 67-68: 1-1 en Amsterdam, otro 1-1 en el Bernabéu y gol heroico de Veloso en la prórroga. Cruyff marcó en el Bernabéu, lanzó un tiró al palo y sembró el terror durante todo el partido. El Madrid pasó de milagro.

La siguiente hazaña de aquel Ajax fue llegar a la final de la Copa de Europa por primera vez en su historia. Tras eliminar al Nuremberg, Fernerbahçe, Benfica y Spartak Trnava, se presentó de nuevo en el Bernabéu para enfrentarse al Milán de Rivera, Trappatoni, Cudicini y compañía. El equipo holandés pagó su falta de experiencia y cayó por 4-1 con tres goles de Pierino Patri. El Ajax perdió, sí, pero había mostrado a Europa otra forma de jugar.

Cruyff empezaba a dar sus primeras exhibiciones de poder, como en el partido de desempate ante el Benfica, cuando marcó dos de los tres goles de su equipo, y la derrota en esta final no dejó ninguna huella. Las bases para asombrar al mundo estaban ahí y sólo faltaba la confirmación, que llegarían con la victoria en tres Copas de Europa de forma consecutiva: 1971, 1972 y 1973. A ellas se sumarían seis de ocho ligas posibles entre 1966 y 1973 y cuatro Copas de Holanda, además de otros títulos menores, un palmarés al que sólo se acercaría de entonces para acá el Barça de Guardiola/Tito/Luis Enrique. Como en el caso del Barça y la Selección Española, aquel Ajax también fue la base de la Holanda que jugó dos finales de la Copa del Mundo (1974 y 1978) y que pasó a la historia con el sobrenombre de la Naranja Mecánica.

En la primera de aquella triología de Copas de Europa, tras eliminar al Tirana, Basilea y Celtic, el Ajax se enfrentó en semifinales al Atlético de Madrid. “Los Beatles del balón” (así les llamaban en la portada de AS del 14 de abril de 1971) llevaron 8.000 aficionados al Calderón y se trajeron a su propio cocinero. “Solo nos falta el refrendo de la Copa de Europa para considerarnos los mejores”, decía Michels en la previa. El Atlético, que tenía un gran equipo entonces, consiguió derrotarles en la ida por 1-0 (gol de Irureta), pero en la vuelta, recién perdida la Liga, que fue a parar al Valencia en una última jornada de infarto, se vio ampliamente superado por 3-0, con tantos de Keizer, Suurvier y Neeskens. En la final de Wembley, esperaba un sorprendente Panathinaikos griego entrenado por Puskas, que poco pudo hacer. Van Dijk y Haan marcaron los goles del 2-0 y el Ajax se coronó por primera vez como el mejor equipo del continente. Rinus Michels consideró entonces que su ciclo, esa palabra de moda últimamente, había terminado y fichó por el Barça. Este fue su último partido como entrenador del Ajax.

Pero el ciclo del equipo holandés no había terminado aún. Johan Cruyff acababa de ganar su primer Balón de Oro. Y le quedaban otros dos, conseguidos tras volver a ganar sendas Copas de Europa. El sustituto de Michels era un desconocido: Stefan Kovacs, un técnico rumano procedente del Steaua de Bucarest que, paradójicamente, incluso mejoró la obra de su antecesor sin aportar grandes novedades. “¿Qué podía decirles yo a Cruyff o a Neeskens? Absolutamente nada. Sólo les dejaba jugar”, solía decir el rumano. En su primer año al frente del equipo lo ganó todo: Liga, Copa, Copa de Europa, Supercopa de Europa e Intercontinental.

En la entrevista que Luis Arnáiz le hizo en los días previos a la final de la Copa de Europa de 1972 contra el Inter de Milán, Kovacs describía así a su equipo y su pequeña aportación: “Antes practicábamos un fútbol distinto. Es posible que fuera más fuerte. Más atlético, más centroeuropeo. Eso en Holanda gusta. Los aficionados están acostumbrados a estas cosas. Pero yo quiero que ellos sean como los Globetrotters, altos y con un juego de fantasía. El equipo tiene que latinizar su fútbol. Eso le convertirá en espectacular. Hasta ahora ha sido mecánico”. Admirador del Real Madrid de Miguel Muñoz, Kovacs, le pidió al equipo que no fuera tan previsible y también reubicó a su gran estrella: “Antes, con Michels, Cruyff jugaba de punta. Ahora construye juego en el medio campo para irse adelante cuando cree que puede ser conveniente. Yo quiero convertirle en una especie de Di Stéfano. Armador y goleador. Y condiciones tiene”.

¡Y vaya sí las tenía! Tras eliminar al Dinamo Dresden, Marsella, Arsenal y Benfica, el Ajax se impuso en la final de la Copa de Europa de 1972 al catenaccio del Inter de Milán con dos goles de Cruyff, que alcanzaba así el cénit de su carrera a los 25 años. En septiembre de aquel año, el equipo levantó la Supercopa de Europa contra el Glasgow Rangers (3-1 y 2-3) y culminó su gran año alzando la Intercontinental ante el Independiente argentino (1-1 en Buenos Aires y 3-0 en Amsterdam).

La temporada siguiente fue una copia de la anterior. En la Copa de Europa, el Ajax eliminó al CSKA Sofía y al Bayern Múnich, al que vapuleó 4-0 en Amsterdam. Ojo, ese Bayern ya tenía a los Maier, Schwarzenbeck, Beckenbauer, Breitner, Hoeness y Müller que tomarían el relevo al equipo holandés en la supremacía del fútbol europeo. En semifinales los holandeses se enfrentaron al Real Madrid de Miguel Muñoz en el banquillo y de los Pirri, Velázquez, Amancio y Santillana en el campo. Ante un equipo que parecía invencible, el Madrid aguantó en Amsterdam hasta bien entrada la segunda parte, pero le llegaron seguidos dos goles de Hulshoff y Krol. Pirri, a siete minutos del final, marcó de falta y puso esperanza para la vuelta. El Bernabéu se llenó a reventar confiando en la remontada, pero el Madrid, que jugó de rojo, volvió a caer 0-1 (gol de Murhen) y se llevó una decepción enorme. El adversario en la final fue la Juventus de Zoff y Capello, entre otros. En una pésima final, un gol de Krol a los cinco minutos bastó para que el equipo holandés ganase su tercera Copa de Europa consecutiva. Se cumplía, una vez más, una máxima que Cruyff repite desde entonces, como si fuera un mantra a quien quiera escucharle: “Si nosotros tenemos la pelota, el rival no puede marcar”.

Ese mismo verano comenzó la desintegración de este mítico equipo. Cruyff, en guerra con el presidente Van Praag, forzó su traspaso al Barcelona por un millón de dólares de la época, récord mundial por entonces (unos 400.000 euros ahora), y Kovacs se hizo cargo de la selección francesa. Al año siguiente, Neeskens también acabó en el Barça. En 1975, Van Dijk fichó por el Murcia y Haan, por el Anderlecht belga. Rep y Muhren se fueron al Valencia y al Betis, en 1976. Este gran Ajax todavía tendría un epitafio ilustre en el 6-0 que se llevó el Milán en la Supercopa europea de 1973, pero para volver a ganar la Orejona tuvo que esperar 22 años, ya con Van Gaal, y la generación de los De Boer, Davids, Overmars y Kluivert.

“Cada dos décadas, al club le tocó pasar un periodo de reconstrucción y así llegó a lo más alto”. Esta frase es de Sjaak Swart, un extremo que coincidió con Cruyff, conocido como Míster Ajax porque tiene el récord de partidos jugados con 461. Atentos, porque desde 1995 ya han pasado 18 años y quizá se esté cociendo, quién sabe, de la mano de Frank de Boer, central en la época de Van Gaal y continuador de la idea, otro Ajax poderoso e invencible.

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