Míster Brian Clough, el auténtico Special One

Estatua de Brian Clough en Nottingham
Estatua de Brian Clough en Nottingham (wikipedia).

MIGUEL ANGEL CALERO BEJARANO

El mes pasado se cumplieron diez años de la muerte de Brian Clough, el entrenador más grande que haya tenido nunca Inglaterra, según se afirma en un documental de la BBC que puede verse en youtube (The greatest manager England never had). Ese mismo documental comienza con un acróstico con su apellido, en el que cada letra orienta sobre diferentes aspectos de la personalidad de este peculiar técnico: Cool (calculador), Leader (líder), On the verge (al límite), Unique (único), Genius (genio) y Hard (duro). Si no el mejor, Clough al menos puede codearse con lo más granado de los técnicos británicos, con los Matt Busby, Bill Shankly, Bob Paisley, Alex Ferguson, John Stein, Alf Ramsey o Bobby Robson.

Brian Clough nació en Middlesbrough en 1935 y murió en septiembre de 2004, a los 69 años, justo cuando aterrizaba en la Premier League Jose Mourinho para hacerse cargo del Chelsea, tras ganar la Copa de Europa con el Oporto. Quizá esta coincidencia, uno que se va, otro que llega para ocupar su memoria, además de sus parecidas personalidades, sea la razón que ha llevado siempre a comparar constantemente a estas dos figuras únicas el mundo del fútbol.

Como todavía está en activo y con la ambición intacta, es muy difícil aventurar cómo será recordado Mourinho en el futuro, cuando acabe su carrera. Lo que sí sabemos es que el tramo de autopista que une Nottingham y Derby lleva el nombre de Clough, del mismo modo que una grada del estadio del Forest y que hay estatuas en su honor en Nottingham, Derby y Middlesbrough. Y que desde 2007 todo partido que juegan el Nottingham Forest y el Derby County, ya sea de Liga, Copa, Copa de la Liga o amistoso se convierte de forma automática en el Trofeo Brian Clough.

Es una forma de homenajear a un entrenador que dejó una profunda huella en ambos equipos, a los que llevó de segunda división a ganar la liga inglesa y en el caso del Nottingham a conquistar dos Copas de Europa consecutivas. Esta hazaña no ha sido igualada después, ni siquiera por Mourinho, a pesar de que su Oporto no atravesara sus mejores días cuando él se puso al mando del equipo. También parece difícil pensar en que sus fanáticos seguidores de Madrid, que aún los tiene, le levanten una estatua junto al Santiago Bernabéu.

“No digo yo que fuera el mejor entrenador del mundo. Pero siempre estuve en el Top-1”. La frase es de Brian Clough, autor de muchas otras célebres que iré desgranando a lo largo de este reportaje, pero también es lo que piensa, y suele decir, Mourinho de sí mismo. Eso le llevó a autodenominarse The Special One, sobrenombre por el que es reconocido en todo el mundo. El técnico portugués ha afirmado en alguna ocasión que siente admiración por el entrenador inglés “una parte fantástica de la historia del fútbol y el mejor mánager de su generación” y que ha leído el libro y visto la película que hicieron sobre Clough (The Damned United).

Mourinho tuvo un buen espejo en el que mirarse. Algunos modos de comportarse, con los entrenadores o jugadores rivales, sus relaciones con los presidentes, su peculiar matrimonio con los medios de comunicación, donde se le ataca y se le ensalza por igual, su modo de encarar a su afición y a la del equipo rival y sus controvertidas declaraciones son muy similares. Nigel Clough, hijo del mítico entrenador y que ahora dirige al Sheffield United, el club que puso fin a la carrera como técnico de su padre, lo tiene claro: “Mi padre es el auténtico ‘Special One’. Sus logros son difíciles de igualar. Sólo le faltó triunfar fuera de las islas”.

Sexto de nueve hermanos, Brian Clough, mal estudiante que trabajó eventualmente como mensajero, se aficionó al fútbol por su padre, que trabajaba en una tienda de dulces y caramelos y que era hincha del Middlesbrough. Fue en este equipo en el que, tras hacer el servicio militar en la RAF (Fuerzas Aéreas), desarrolló la mayor parte de su carrera. Como jugador, Brian era un delantero con gran olfato de gol. Sus grandes números, casi un tanto por partido, dan fe de ello. En el Middlesbrough, por aquellos días en la que era la segunda división inglesa, marcó 204 goles en 222 partidos. Ya entonces su difícil carácter empezaba a aflorar. Como sus defensas solían encajar muchos goles, se enfrentaba constantemente con ellos. Alguna vez les llegaba a desafiar: “¿Cuántos goles tengo que marcar para poder ganar un partido?”. De su paso por el Boro, además de estas trifulcas, ganó una amistad que sería fundamental en su carrera, la del portero Peter Taylor (Nottingham, 1928- Mallorca, 1990), su ayudante en el banquillo en sus éxitos más reconocidos.

Jugando en Segunda, Clough llegó a ser internacional en dos ocasiones, aunque no marcó ningún gol. En 1961 fichó por el Sunderland, también en Segunda, pero con mayores aspiraciones por llegar a la máxima categoría. Allí siguió con su gran producción goleadora (63 goles en 74 partidos), pero en su segunda temporada, en un partido ante el Bury, jugado en unas infames condiciones metereológicas, chocó con el portero rival y se truncó su carrera: rotura de ligamento cruzado en una rodilla. Entonces esta lesión casi significaba la retirada inmediata del futbolista, sobre todo a cierta edad. Clough estuvo dos años de baja, llegó a reaparecer con el Sunderland en Primera, ya que el equipo había ascendido en su ausencia, pero solo jugó tres partidos (un gol) antes de colgar definitivamente las botas con 29 años.

Su carrera de entrenador empezó en los juveniles del Sunderland, pero pronto le ofrecieron el banquillo del Hatlepool United, de la cuarta división inglesa. Para su primera aventura profesional, el entrenador más joven de la categoría, llamó a Peter Taylor, que también se había convertido ya en técnico. En su segunda temporada en el Hatlepool, tuvo problemas con el presidente, que le quiso despedir. Al final el que se marchó fue el propio presidente, tras el cisma que provocó en la directiva. Más tumultuosa fue su llegada al Derby County, que llevaba muchos años en segunda intentando sin éxito el ascenso. Lo primero que hizo al llegar fue una limpieza en el vestuario, de la que sólo quedaron cuatro jugadores de la temporada anterior. Luego despidió al secretario, al jardinero, al ojeador e incluso a dos camareras a las que pilló riéndose tras una derrota. Esta masacre de supuestos enemigos trae al recuerdo la reciente de Mourinho en el Madrid, en la que acabó con Pedro León, Valdano y Toril, pero también cargó contra los jardineros del Bernabéu, contra los servicios médicos, contra la directiva que no le fichaba lo que él quería y contra el público. Es decir, contra todo.

A Mou no le funcionó la estrategia del todo, pero a Clough le valió para ascender a Primera. En su primer año en la máxima categoría quedó cuarto, pero cuatro años después (1972) tocó la gloria, al ganar el primer título liguero (hoy Premier) de la historia del Derby County. Experto en hacer grandes a clubes pequeños, los equipos de Míster Clough se caracterizaron por su buen trato al balón. “Si Dios hubiera querido que el fútbol se jugara en las nubes, no habría puesto hierba en el suelo”, es una de sus frases más célebres. No practicaba un juego muy preciosista, pero sí muy efectivo y sus equipos atacaban mucho, pero eran muy sólidos defensivamente. Si no fuera por el detalle de que a Mourinho también le gusta jugar muy directo en ocasiones, con balones largos al delantero centro, podríamos estar hablando tranquilamente de uno de los distintos equipos que ha entrenado el portugués.

Tras conseguir el mayor éxito del Derby, comenzaron sus problemas con Sam Longson, el presidente del club. Clough fichaba jugadores caros sin consultar con la directiva (en Inglaterra el mánager tiene más atribuciones que la de simple entrenador) y además se metía con la afición: “Sólo empezaron a cantar al final, cuando ya íbamos ganando por un gol. Quiero oírlos cuando estemos perdiendo. Son vergonzosos”. ¿Les suena de algo? Mourinho llegó a desafiar al Bernabéu dentro del campo, como el sheriff de Sólo ante el peligro, cuarenta minutos antes de que empezase un derbi contra el Atlético.

En la película The Damned United, que recomiendo que vean también (está en youtube) y que está basada en el best-seller con el mismo título de David Peace, se produce esta discusión con el presidente, una muestra más del carácter del técnico.

Brian Clough: “Y ahí es donde estaríais aún si no fuera por mí: ¡en el pozo de la maldita segunda división! Nadie se acordaría de vosotros, nadie habría oído hablar de vosotros. ¡Ni siquiera existiría el Derby County sin mí! ¡Ni el título de Liga, ni el campeonato de Inglaterra! ¡No sin Brian Clough!”.

Sam Longson: “Te daré un buen consejo, Brian Clough… No importa lo bueno que te creas, lo inteligente que seas, ni los admiradores o nuevos amigos que hagas por la tele. La realidad del fútbol y de la vida es ésta: el presidente es el jefe, luego vienen los directivos, después el secretario, más tarde los aficionados y luego los jugadores. Y después, finalmente, el último de todos, al fondo de la lista, lo más bajo de lo más bajo, está ese tipo del que un día cualquiera todos podemos prescindir: ¡el puto entrenador!”.

A pesar de las divergencias con la directiva, el Derby realizó otra campaña para recordar, pues alcanzó las semifinales de la Copa de Europa. Fue eliminado por la Juventus tras dos par tidos muy polémicos. En la ida (3-1), Helmut Haller, jugador alemán de la Juventus, fue visto entrando al vestuario del árbitro, que también era alemán, en el descanso. Cuando los periodistas italianos intentaron entrevistar a Clough, éste soltó otro de sus exabruptos: “No voy a hablar para esos bastardos tramposos”. De paso recordó la falta de valor de los italianos en la Segunda Guerra Mundial. Aquello traspasó los límites del fútbol y su salida de tono fue criticada duramente por los diarios británicos, porque comprometía no sólo la imagen del club sino la de todo el fútbol inglés.

En la vuelta (0-0), el árbitro portugués Francisco Marques Lobo denunció ante la UEFA que Deszo Szolti, un húngaro que tenía relaciones con el director deportivo de la Juventus, había intentado comprarle. Esta polémica eliminación, unida al deterioro constante de las relaciones con el presidente, llevaron a Clough y Taylor a presentar la dimisión al comienzo de la temporada siguiente. Los dos técnicos se hicieron cargo de otro proyecto modesto, en el Brighton & Hove Albión, de la tercera división, pero al final de la campaña 73-74 sus destinos se separaron por primera vez.

Durante su estancia en el Derby County, Clough también encontraría a otro enemigo más, pero en este caso no dentro del club, sino fuera: el técnico del Leeds, Don Revie, que llevaba 16 años en el club entre su etapa de jugador y de entrenador. Cuando Don Revie fue elegido seleccionador inglés, a Clough, que durante toda su vida sería el eterno aspirante al banquillo de la selección, le ofrecieron el puesto vacante en el Leeds. La película The Damned United cuenta precisamente esta etapa, que se saldó con sólo 44 días en el cargo y una victoria, tres empates y tres derrotas, en los siete partidos en los que dirigió al Leeds United. Clough, que se había sentido menospreciado por Don Revie durante una visita del Leeds al Derby County, siempre había criticado el juego duro que practicaba su gran rival. Por eso, nada más llegar a su nuevo club, le soltó a una plantilla que acababa de ganar la Liga otra de sus frases más repetidas: “Hasta donde yo sé, podéis tirar todas esas medallas que habéis ganado estos años a la basura, ya que las ganásteis todas robando”. En la sala de Prensa del Bernabéu todavía resuenan los “por qué” de Mourinho y su retahíla de árbitros europeos que habían favorecido al Barça tras perder por 0-2 en las semifinales de la Champions 2010-11. Como ven, en el fútbol parece estar ya todo inventado.

Fiel al espíritu de otra de sus frases famosas (“Ya sé que Roma no se construyó en un día, pero es que yo no me encargué de ese trabajo”), Clough quiso hacer en muy poco tiempo lo que hubiera necesitado de varias temporadas y chocó de frente con una plantilla que añoraba a su anterior entrenador. “Dios no te ha dado seis tacos para que los claves en la pierna de un rival”, le llegó a decir a Giles, uno de los capitanes. Además, no tenía a su lado a Taylor, que tenía muy buen ojo para los fichajes. Sólo con su capacidad para motivar no servía. Al tándem del éxito le faltaba una rueda. Después de aquellos intensos y turbulentos 44 días, Clough fue despedido dejando otra sentencia para el recuerdo: “Hoy es un día espantoso… para el Leeds United”.

De forma paradójica, aquel despido, sin embargo, provocaría el comienzo de su mayor obra en el mundo del fútbol y por la que ha pasado a la historia. La temporada que empezó en el Leeds, la terminó con el Nottingham Forest, de segunda división, salvándolo del descenso, no sin apuros. No fue hasta la tercera temporada, ya otra vez con Taylor a su lado, cuando el Nottingham logró el ascenso a la entonces First Division (hoy Premier). Y fue entonces cuando llegó un milagro que pocas veces se ha dado en la historia del fútbol. El Nottingham, un equipo recién ascendido, se proclamó campeón de Liga, sacándole siete puntos de ventaja al Liverpool, al que además le ganó la Copa de la Liga. No sólo eso, sino que a la temporada siguiente, volvió a ganar la Copa de la Liga al Southampton y logró la Copa de Europa en su primera participación. Tampoco se paró ahí el equipo de Clough y logró repetir el éxito en la Copa de Europa. Clough se hizo tan famoso en Nottingham como Robin Hood.

Para hacerse una idea aproximada de su proeza, en la Liga española la mejor clasificación de un recién ascendido fue la de aquel Betis de Serra Ferrer (94-95), que llevó al equipo desde Segunda al tercer puesto de Liga con un triunfo en la última jornada en el Bernabéu frente al campeón (0-2). Aquel Betis no pasaría de octavos en sus participaciones en UEFA y Recopa, pero llegó a una final de Copa, que perdió ante el Barcelona en el Bernabéu (1997).

Volviendo al Nottingham, el equipo inglés es el único caso de un club que tiene más Copas de Europa (2) que ligas (1). La leyenda de aquel Nottingham de Clough se forjó jugando limpio y raso, en contra de la tendencia habitual en Inglaterra. Posiblemente, fue el primer equipo británico con gusto por el balón, un equipo que empezaba en Peter Shilton, que movían McGovern (que acompañó a Clough por casi todos sus equipos) y O’Neill (ahora seleccionador irlandés) y que coronaba su gran estrella: Trevor Francis. Tras eliminar a Liverpool, AEK de Atenas, Grasshoppers y Colonia, el Forest le ganó la final de su primera Copa de Europa al Malmoe (1-0) con un gol precisamente de Trevor Francis. “No fue un gran partido, ellos fueron un equipo aburrido. De hecho, Suecia es una nación aburrida. Pero hemos ganado, qué importa lo demás”, diría después Clough.

Como campeón, el Nottingham participó en la siguiente edición y volvió a ganarla. Esta vez se cargó al Oster, Arges Pitesti, Dinamo de Berlín y Ajax, antes de imponerse en la final al Hamburgo en el Bernabéu (1-0) con un gol de John Robertson, cuya figura fue descrita así por Brian Clough: “Era un joven muy poco atractivo. Si algún día me daba la impresión de que me había levantado así como con mala cara, me sentaba a su lado. Comparado con él, me sentía de golpe como el Errol Flynn ese de las narices. Ahora, en cuando le cedían un metro de césped, John era un artista. El Picasso de nuestro deporte”. Esa final del Bernabéu la preparó el Nottingham en Cala Millor (costa noreste de Mallorca), adonde viajaron Clough, su familia (se casó en 1959 y tuvo tres hijos) y sus equipos en numerosas ocasiones. El Forest estuvo una semana de relax, sin hacer ningún tipo de entrenamiento, con la idea de quitar presión a los jugadores.

El técnico, que era capaz de “matar” a su abuela por lograr tres puntos, tenía a veces unos métodos muy peculiares. Metódico y astuto, era capaz de levantarse de madrugada para encharcar el campo del Derby County el día antes de un gran partido europeo o de concentrar a los jugadores varios días antes de un partido con la convicción de que así no discutían con sus mujeres y salvaba sus matrimonios.

Ganar estas dos Copas de Europa le dio derecho al Nottingham a disputar la Supercopa de Europa. En las dos ediciones tuvo enfrente a equipos españoles. La de 1979 fue ante el Barça. Y la de 1980, contra el Valencia. La primera la ganó y la segunda la perdió, pero en ambas también, cómo no, hubo polémica.

En la previa de la ida de final contra el equipo azulgrana, la agencia Efe, según fuentes dignas de crédito, afirmaba que Brian Clough sería el futuro míster del Barça. Se equivocó, claro. El Barça, entonces entrenado por Joaquín Rifé, acababa de ganar al Fortuna Düsseldorf su primera Recopa y tenía en sus filas a los Artola, Migueli, Asensi, Simonsen, Roberto Dinamita o Carrasco. La ida acabó con 1-0 (gol de George), lo que dio esperanzas al Barça para la vuelta. En el Camp Nou, Roberto Dinamita adelantó a los azulgrana de penalti, pero Burns empató antes del descanso (1-1).

El partido no tuvo excesivo ruido, pero la llegada de Brian Clough a la sala de Prensa del Camp Nou sí que fue sonada. Lo que pasó puede leerse en la Hemeroteca de Mundo Deportivo: ‘Parece que Brian Clough empezó a celebrar el triunfo de su equipo mucho antes de disputarse el partido. De hecho, le vimos ya al mediodía cargado de botellines de cerveza de la habitación del hotel. Y tal vez por eso, a la hora de acudir junto a los informadores para comentar las incidencias del partido, el técnico británico se nos presentó con señales inequívocas de encontrarse ebrio. Nada más entrar en la sala de Prensa pidió una cerveza y no permitió que nadie le preguntase nada hasta que no terminó tranquilamente de vaciarla. Con los mofletes sonrosados y los ojos medio apagados, el polémico Clough demostró su mala educación. Alguien le pregunta sobre la posibilidad de entrenar al Barcelona, como se ha cacareado, a lo que el inglés respondió: “Muy estúpida esa pregunta”. ¿Su impresión del partido? “Eso lo tiene que decir el entrenador, yo soy mánager”. El diálogo, como ven, era ridículo y cuando se le insinúa si normalmente es tan cortés como en esta ocasión, el inglés de marras montó en cólera y de un manotazo apartó el magnetofón que aguantaba nuestro compañero Pepe Gutiérrez. Aquello no se podía aguantar y al alimón todos los asistentes decidimos dejar a Clough solo con su cerveza’.

Su adicción al alcohol, que acabaría prematuramente con su carrera en los banquillos y en la vida, empezaba ya a dejarse notar. Él mismo lo reconoció cuando le preguntaron por el título de su autobiografía: “¿Caminar por el agua? Supongo que mucha gente estará diciendo que en vez de caminar sobre ella, debería haberla tomado más en mis bebidas. Tienen toda la razón”.

El alcohol también tiene la virtud de agriar el carácter y su mal perder salió en la final ante el Valencia entrenado por Pasieguito y con los Arias, Botubot, Solsona, Subirats, Saura, Morena y Kempes que habían ganado al Arsenal la Recopa de 1980. La ida acabó 2-1 y en Mestalla decidió un gol de Morena. Botubot se las tuvo tiesas con Trevor Francis en la vuelta. Y Clough no perdió la ocasión de atizarle: “Botubot es un actor, es el culpable de todo lo sucedido en el campo. El resultado es injusto, debió acabar en empate y ser nuestro el triunfo final por el resultado del primer encuentro”. Mourinho también calificó de actor a Messi tras un entradón de Del Horno en un Chelsea-Barça, ¿recuerdan?

Esta derrota en la Supercopa se enmarca ya en el declive de la hegemonía del Nottingham, que ya sólo volvería a ganar dos Copas de la Liga más (1989 y 1990) hasta que Brian Clough se retiró descendiendo a segunda división al final de la temporada 92-93, después de 16 temporadas consecutivas en la elite. Antes, en 1982, Peter Taylor había abandonado el Nottingham para entrenar, de nuevo en solitario, al Derby County. Desde entonces, hasta su muerte en Mallorca en 1990, ambos estuvieron sin hablarse, aunque más tarde Clough le dedicaría su autobiografía. Fue una manera de agradecerle los ser vicios prestados, pues Taylor estuvo presente en todos sus grandes éxitos.

Como decía al principio, hace ahora diez años un cáncer de estómago, derivado de otro de hígado, terminaba con la vida de este Viejo Engreído, como le gustaba definirse. “A veces se me suben los humos a la cabeza. Creo que a la mayoría nos pasa cuando nos hacemos famosos. Me llamo a mí mismo Viejo Engreído sólo para recordarme que no hay que serlo”. Su mito se había forjado entre frases y sentencias grandilocuentes. Una de las últimas fue esta, cuando le preguntaron por los hooligans en el fútbol: “Bueno, están ahí, pero la verdad es que creo que hay bastantes más en la Cámara de los Comunes que en los campos ingleses”. En otra ocasión le preguntaron que qué hacía cuando alguien le decía que se había equivocado. “Le pregunto cómo lo haría él, lo hablamos durante 20 minutos y decidimos que yo tenía razón”. Cuando se acercaba la hora de su muerte, en cambio, prefería ser recordado de otro modo, no tan soberbio, no tan egocéntrico, algo más humilde: “No quiero epitafios de frases profundas ni nada de ese rollo. He aportado algo. Espero que eso sea lo que digan de mí, y ojalá le haya gustado a alguien”. Es lo que todos esperamos.

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