Rakitic sabe salirse del guión, no como Kovacic

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Casi todo el mundo señala la jugada del 0-1 como clave en el desarrollo del último Clásico. Visto cómo terminó (0-3), es posible. La gran mayoría de analistas madridistas culpan a Kovacic (el elemento más débil, porque Marcelo tampoco ayuda mucho que digamos) por seguir las instrucciones de su entrenador al pie de la letra: “Tú sigue a Messi hasta el baño si es necesario”. Y es verdad que tácticamente su maniobra es un desastre, porque en su afán de que Messi no reciba el balón, deja el centro del campo libre para que el Barça haga un ataque en superioridad: 3 (Rakitic, Sergi Roberto y Suárez) contra 2 (Sergio Ramos y Varane). Luego la ejecución de los pases es primorosa, tanto como el que inicia todo, el de Busquets, que deja fuera de juego a todo el mediocampo rival (Modric, Kroos y Casemiro). Casi todos los ataques del Barça se articulan en torno a Messi. Eso lo sabe todo el mundo. La primera idea de Rakitic es dársela al argentino, pero al no ver un pase claro y tener campo libre para su cabalgada, sí sabe salirse del guión, no como Kovacic, y armar un golpe a la postre definitivo.

La diferencia entre Rakitic y Kovacic la da la experiencia y la confianza. El primero, a punto de cumplir los 30 (10 de marzo) y con contrato recién renovado hasta 2021, tiene de sobra. Además, se le da bien jugar contra el Madrid. Al segundo aún le falta y su futuro en el club está en el aire casi desde que llegó recomendado por Benítez. En esa conducción con la cabeza en alto seguro que a más de un aficionado Rakitic les recordó a Schuster. Como el gran centrocampista alemán, el croata parece flotar por el césped. No tiene una gran velocidad punta, pero avanza con una marcha constante y fiable, como de tren de mercancías. Fue importantísimo en los 2 primeros años de Luis Enrique y bajó su rendimiento, como el del equipo en general, en el tercero, quizá porque ya no se sentía tan insustituible. El cambio de sistema de Valverde (4-4-2 en lugar de 4-3-3) le ha favorecido, igual que al resto de centrocampistas, que están brillando más este año, tanto Busquets como Iniesta. Rakitic es el más partidos ha jugado con el Barça esta temporada (26 de 27). Sólo se perdió la vuelta de Copa ante el Murcia, porque incluso en la ida salió un ratito. Su nuevo rol más defensivo hace que no aparezca tanto en ataque (sólo 1 gol a la Juventus), pero como demostró en el Bernabéu sabe muy bien cómo crear peligro.

Buscando información sobre Rakitic para este post, me tope con una historia preciosa, publicada en The Players Tribune, el nuevo medio de comunicación de Piqué, que quería compartir con vosotros. Se titula “Un tío croata entra en un bar” y narra cómo Rakitic conoció a su mujer, Raquel Mauri, a la que tenéis arriba junto a sus hijas en su reciente postal navideña. Como estamos a punto de cambiar de año, seguro que este cuento romántico hace que os pongáis un pelín sentimentales. Lo he resumido, pero es tal cual lo cuenta él. En esto también se sale del guión de las entrevistas de futbolistas: “Tengo una historia para Hollywood. Fue el año 2011. Yo tenía 21 años. Llegué a España muy tarde (como a las 10 de la noche). El Sevilla estaba al punto de ficharme al día siguiente. Sólo me quedaban hacer las pruebas médicas y firmar el contrato. Mi hermano mayor viajaba conmigo y cuando llegamos al hotel cenamos con gente del club. Por alguna razón, estaba con nervios después de cenar y sabía que no podría dormir. Entonces, le dije a mi hermano: ‘Tomamos una copa y después ya iremos a dormir’.

“Estas palabras me cambiaron la vida. Porque la mujer que esa noche trabajaba en la barra era… ¡Vaya, de otro mundo! No podía decirle nada más que ‘hola’, porque no sabía nada de castellano. Hablaba alemán, inglés, italiano, francés y serbocroata, pero nada de español. Otro club europeo importante llamó a mi hermano por teléfono. Dijeron que se habían enterado de que estábamos en Sevilla y querían mandar un avión a recogernos para que yo fichara por ellos en vez de por el Sevilla. Entonces, mi hermano me preguntó: ‘¿Qué quieres hacer?’. Y yo le dije: ‘Pues, le he prometido al presidente del Sevilla que me iría allá, y mi palabra vale más que mi firma’. Después yo señalé hacia la barra y le dije: ‘¿Ves a nuestra camarera? Yo voy a jugar aquí para el Sevilla, y me voy a casar con esta mujer’.

Viví en ese hotel durante tres meses, mientras buscaba una casa. Cada mañana me acercaba al bar a tomar café o Fantas para ver a la hermosa camarera. Sólo sabía su nombre: Raquel. Ella no hablaba nada de inglés y yo nada de español. Así que cada día… ‘Buenos días, Raquel. Un café y un Fanta de naranja’. No se cómo explicarlo. A veces, conoces a alguien y te sientes distinto. Cada vez que la veía… explotaba una bomba dentro de mí. Semana tras semana, empecé a aprender unas palabras españolas. ¡¡¡¡Sí!!!! … me costaba, usaba mucho mis manos para explicarle a Raquel lo que le quería decir. Ella lo encontró divertido. Fue en plan: ‘Yo, Jane. Tú, Tarzán‘. ¡Tomé grandes y ridículas cantidades de café! Probablemente le pedí salir conmigo unas 20 o 30 veces. Nunca me dijo ‘no’, pero siempre tenía alguna excusa. Después de 3 meses, me trasladé a mi casa y me acuerdo que me sentía muy triste porque pensaba que tal vez esto había acabado. Pero no lo dejé. ¡Todavía conducía al hotel para tomar mi café de siempre!

“Si ella no estaba trabajando, me daba la vuelta enseguida para ir a otro sitio. Si estaba allí, pues eso me alegraba por completo el día. En ese momento, mi español estaba mejorando y podíamos hablar un poco más. Un día, finalmente, Raquel me explicó por qué no saldría conmigo. Me dijo: ‘Eres un futbolista. Puedes moverte a cualquier país el año que viene. Lo siento, pero no’. Ya sabes, no soy el tío más grande del mundo. Así que pensaba: ‘¡Tal vez piensa que no soy muy bueno y el Sevilla me vende el próximo verano!’. Una gran parte de mi motivación fue encajar con el equipo y conseguir que esa chica cenara conmigo. Literalmente, me tomó 7 meses. Llegué el 27 de enero. El 20 de agosto recibí un mensaje de texto: ‘Ella está aquí en el bar tomando algo con su hermana! No está trabajando!’. Llamé a un amigo y fuimos directamente al hotel. Me senté justo al lado de Raquel y le dije: ‘Pues no estás trabajando. Al final tienes tiempo para cenar conmigo’. Ella estaba sorprendida. Dijo que no sabía, tal vez… Le dije: ‘No. No me voy. Sé que estás con tu hermana y todo, pero tenemos que empezar ya. Vámonos. Todos’. Y entonces, todos salimos juntos. Al día siguiente, nos encontramos para comer y desde entonces hemos estado juntos. Seis años después y ahora con dos hijas preciosas. Eso fue lo más difícil que he hecho en mi vida. Fue más duro que ganar la Liga de Campeones… y tuvo casi la misma duración”. 

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