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Suárez silenció al Bernabéu y mete al Barça en su sexta final de Copa seguida

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Ramos había convocado al madridismo para una noche mágica y épica y lo que se encontró el aficionado blanco es un nuevo varapalo en su autoestima. De nuevo provocado por su soberbia, porque tanto la afición como la prensa afín encaran este tipo de duelos ante el Barça de Messi con un halo de superioridad que conduce casi inexorablemente a llevarse tremendas decepciones. El único Madrid que logró contener y competir con el Barça de Messi, recordad, fue el Madrid de Mourinho. Y no siempre, claro, sino en contadas ocasiones. Pero cuando lo hizo fue porque jugó como un equipo inferior. Un Barça ciertamente bastante normalito fue capaz de ganar 0-3 para meterse en su sexta final de Copa seguida, la octava en las últimas 10 ediciones. Será el próximo 25 de mayo, en el Benito Villamarín de Sevilla. Sólo falta saber el rival, Valencia o Betis. El Madrid presumía hace poco de que llevaba 1.000 días siendo campeón de la Champions. Pues el Barça se acercará a los 1.500 siendo campeón de Copa y se encamina a ganar la que sería la Décima Liga de Messi. Si eso no es ser superior a tu máximo rival en el mundo, que baje Dios (o sea, Messi) y lo vea.

Suárez silenció al Bernabéu, primero marcando un gol de auténtico killer, el 0-1, a pase de Dembélé, luego amenazando lo suficiente a Varane para el autogol que significó el 0-2 y, por último, marcando un penalti a lo Panenka que le había hecho Casemiro para colocar el 0-3. El gesto, además, venía a decir bien alto que lo que suele hacer Sergio Ramos no es tan difícil. En poco más de 20 minutos, los que van del 49′ al 72′, el delantero uruguayo había dinamitado la semifinal y había provocado un silencio atroz en el coliseo blanco, sólo roto para despedir a Vinicius, el nuevo ídolo de la hinchada.

El joven brasileño tiene rapidez y regate, pero para llegar a compararle con Neymar tendría que meter al menos la mitad de las ocasiones que genera. El madridismo está encantado con él y supongo que él estará encantado con el madridismo, pues le está pagando a precio de oro un máster para ser delantero del Real Madrid. Ya veremos si lo acaba consiguiendo, porque el gol no se aprende, el gol se tiene o no se tiene, como Suárez o como Messi. Definir es la suerte suprema del fútbol. Por eso los jugadores más caros son los delanteros.

Concedo que el Madrid jugó algo mejor, al menos la primera parte, porque le puso más entusiasmo y más intensidad, pero las finales (y esta lo era de modo anticipado), como reza el tópico, no se juegan, se ganan, y eso es algo que está en la biblia del madridismo. Hace menos de una semana, en la prensa del régimen hablaban tranquilamente de Triplete. Dependiendo de lo que ocurra el sábado en el mismo escenario, puede que no haya ya el domingo ni Doblete. Y con esa absoluta falta de gol que mostró contra el Barça no creo que el Madrid llegue muy lejos en Europa. En cambio, el Barça vuelve a meterse en otra final de Copa, domina la Liga con claridad y tiene casi como obligación pasar al menos la eliminatoria contra el Lyon. Si se superan estos octavos que han nacido un poco torcidos, soñar con levantar otra vez el Triplete estará permitido. Esta vez, para ganar en Madrid ni siquiera hizo falta un gran partido de Messi. Bastó un poco de Ter Stegen, algo de orden defensivo y el acierto arriba de Dembélé y Suárez. Messi nunca quiere el protagonismo por el protagonismo. Pudo haber marcado de penalti, pero se lo cedió a su amigo Suárez. Eso es un líder con mayúsculas. A Messi le importa el equipo por encima de su figura. El resultado puede que influya en el partido del sábado, pero creo que menos de lo que podamos pensar. No será fácil volver a ganar en el Bernabéu, pero no perder sería tan importante como esta gran victoria copera. Valverde seguro que rota algo al equipo. ¡Enhorabuena a todos los culés! Me voy a celebrarlo a la Cibeles.

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