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20 años del fichaje del Fenómeno

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Se cumplen 20 años del fichaje del Fenómeno. En el verano del 96, el Barça rompía el mercado para hacerse con un jugador que parecía destinado a ser el mejor de la historia. Ronaldo Nazario llegaba del PSV y a todos los barcelonistas nos evocaba la figura del Romario que dos años antes había maravillado al Camp Nou. Junto a Romario, Ronaldo había ganado el Mundial de 1994 en Estados Unidos, aunque no había jugado ni un minuto. Justo después del torneo, sin haber cumplido los 18 años todavía, fue traspasado del Cruzeiro al PSV. En esa época, los brasileños solían hacer una escala en club de una liga menor (Holanda Portugal casi siempre) antes de dar el salto a un gran club europeo. Lo hacían para aclimatarse y para que el cambio de clima y de fútbol no fuera tan brusco. Ronaldo sólo necesitó dos temporadas en el PSV y 54 goles en 57 partidos para demostrar al mundo que aquel club holandés se le quedaba muy pequeño. El Barça, que acababa de terminar con la etapa de Cruyff, necesitaba un golpe de efecto y pagó por él 2.550 millones de las antiguas pesetas, 15 millones de euros al cambio actual.

Hace 20 años, esa cantidad era muchísimo dinero. Representaba un cuarto del presupuesto del club. Entonces era más del doble de lo que había invertido (1.200) en sacar a Maradona de Argentina en 1982. Ahora sería como comprar a un jugador de 150 millones de euros. Entonces los fichajes más caros los hacían los clubes italianos. La Juventus había pagado 2.500 millones de pesetas por Vialli, el Milán tirado 1.700 por Lentini y el Inter había fichado a Bergkamp por 1.700. Los 1.250 del Madrid por Mijatovic o los 1.000 por Suker se quedaban lejos. Fue entonces cuando Gaspart, entonces vicepresidente del club, pronunció una frase que haría historia: «El dinero debe estar en el campo, no en el banco….ni tampoco en la basura». 

Ronaldo firmó un contrato de ocho temporadas, ampliable por otras dos más. Con él llegaron al Barça Luis Enrique, Pizzi, Blanc, Couto, Vitor Baia y Giovanni. El entrenador era el inglés Robson y su ayudante, un viejo conocido, Mourinho. A mí aquel equipo nunca me terminó de convencer, porque jugaba mucho al contragolpe, posiblemente para explotar las condiciones de un Ronaldo en plenitud, que cuando atacaba parecía una manada, en palabras de Valdano. El Barça no ganó la Liga, pero se impuso en la Recopa, la Copa y la Supercopa de España. El debut de Ronaldo llegó precisamente en este torneo, en el que ya marcó 2 de los 47 goles que haría en los 49 partidos que jugó en esa única temporada de azulgrana. Creo no exagerar demasiado si digo que aquel Ronaldo era una mezcla de Messi y Cristiano. Conjugaba la habilidad del argentino con la potencia del portugués. Si las lesiones de rodilla no hubieran lastrado su carrera, posiblemente discutiría con Messi por ser el mejor de la historia. Con la mitad de lo que fue aquel año con el Barça, le valió para marcar cientos de goles y ganar muchos títulos, pero nunca fue el mismo que vimos en el Camp Nou. El Inter pagó su cláusula de 4.000 millones de pesetas y se marchó. Con ese dinero, el Barça fichó a Rivaldo, que también era buenísimo, pero que no llegaba al nivel superlativo de su compatriota. En los siete años siguientes que debería haber durado el contrato de Ronaldo, el Barça sólo ganó dos Ligas y una Copa (en los dos primeros años de Van Gaal) y luego atravesó una sequía de cinco temporadas sin títulos que ha sido la peor de su historia. El que sería conocido después como el Gordo dejó un hueco en el equipo y en el alma de la afición que sólo rellenaría la sonrisa de Ronaldinho casi una década después.

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