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29 partidos después, el Barça volvió a perder y tocará remontar en el Camp Nou

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«Si tuviéramos que escoger una derrota pues quizá habría sido ésta”, dijo Piqué nada más acabar el partido contra el Espanyol (1-0). 29 partidos después, el Barça volvió a perder y tocará remontar en el Camp Nou dentro de una semana. No será fácil, pero peor fue lo de París el año pasado y se superó. Digo que será complicado, porque no espero un planteamiento diferente del Espanyol. “Quiero un equipo fuerte, agresivo, que corra, que meta la pierna… Prefiero que acabe el partido con cuatro amarillas que con ninguna”, advirtió Quique Sánchez Flores en la previa. Dio en el clavo. Acertó hasta en el número de tarjetas. Con la condescendencia de De Burgos Bengoetxea, así se comportó el Espanyol, que empujó, agarró, manoteó y pegó todo lo que le dejó el árbitro. Debieron ver la roja Aaron y Víctor Sánchez, que además lesionó a Paulinho. El brasileño iba a entrar en el área cuando fue derribado por detrás con una pinza por el ex azulgrana. Falta sin tarjeta, igual que la de Aaron que impidió a Sergi Roberto encarar a Diego López y que fue reconocida incluso por Jordi Lardín, director deportivo del Espanyol: «Era clara y debió ser expulsión». Paulinho siguió jugando, pero tuvo que pedir el cambio en la segunda parte. El Barça, el único equipo que intentó jugar al fútbol, que no se dedicó por sistema a intentar ensuciar el espectáculo, vio 5 amarillas, una más que su rival: Aleñá, Rakitic, Vermaelen, Suárez y Jordi Alba en el banquillo. Si no fuera porque este enfrentamiento entre David y Goliat en el que el árbitro se pone de lado del más débil no lo hubiera visto una y mil veces me sorprendería. Lo que me sigue sorprendiendo es que en el caso del Barça suceda tanto y en el del Madrid, como acaba de pasar con Fuenlabrada y Numancia y supongo que pasará con el Leganés, ocurra tan poco.

Para mí el Barça jugó un buen partido. Sin su once más titular, con Aleñá en el centro del campo, Denis Suárez y Aleix Vidal en las bandas, Luis Suárez y Jordi Alba en el banquillo e Iniesta, lesionado, viendo el partido por televisión, dominó por completo al Espanyol, salvo en el último tercio. El subidón del penalti parado por Diego López a Messi, unido al cansancio del equipo azulgrana en la incesante búsqueda de huecos en la defensa numantina del rival, se confabularon para igualar el duelo y finalmente decantarlo para el equipo que menos había hecho por ganar. Como se demostró en Cornellá, ya sé que al fútbol se puede vencer de muchas maneras distintas y si a los del Espanyol les gusta esa, como a los del Atlético, no veo ningún problema. Pero esa forma de ganar siempre tiene que contar con el beneplácito arbitral. Si no, no es posible. Y si no, que le pregunten al Fuenlabrada o al Numancia.

El Espanyol fue casi a interrupción por minuto. En la primera parte, un Barça más fresco, coleccionó sus mejores oportunidades, la mayoría protagonizadas por Messi, que estuvo más participativo que en miles de partidos, pero que no tuvo su día en el remate. Tampoco Piqué, al que anularon un gol por fuera de juego, ni Denis Suárez, que malogró otra ocasión de oro como en la ida de la anterior eliminatoria ante el Celta. En este periodo hubo una mano de Javi Fuego (así le pitaron un penalti a Piqué en el Bernabéu) y una patada a Digne (a Lucas Vázquez sí se los señalan) dentro del área. El árbitro sólo pitó otra falta igual de clara de Granero a Sergi Roberto, que fue otra vez de los más destacados del Barça. Rafinha jugó los últimos 10 minutos y un mal control suyo precedió al gol del Espanyol. No sería justo echarle la culpa a él de la derrota, como tampoco a Aleix Vidal, que tuvo buena actitud, sobre todo al principio. Mascherano tuvo unas inoportunas molestias cuando se presumía que debería dar descanso a alguno de los centrales. Me parece que tantos casos sin resolver sobre el futuro de la plantilla hacen que el equipo en general se resienta. En fin, coincido con Valverde en su análisis del partido: “Me gustó bastante mi equipo. Tuvo buena actitud y quiso superar las dificultades en un campo difícil para combinar». El Barça no pudo superar lo que yo llamo la habitual encerrona (a Cillessen hasta le impactó un objeto lanzado desde la grada) y se trae un mal resultado. El domingo hay otro partido duro en el Villamarín y habrá poco más de 48 horas para recuperarse del esfuerzo y volver a otra pelea contra el Espanyol. Hay que ser realista, porque en la vuelta pita Mateu Lahoz, principal defensor del juego de contacto, pero a la vez optimista, porque no es un resultado insalvable y el Barça es el Rey de Copas. El próximo miércoles tendremos el segundo cara o cruz de la temporada. Y si sale cruz, tampoco hay darle demasiada importancia, porque quedarán LigaChampions.

(Foto/Autor: Messi, rodeado de jugadores del Espanyol/fcbarcelona.es)

 

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