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Anfield no nos puede privar de disfrutar de una gran temporada

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Aunque resulta doloroso todavía, he vuelto a ver repetido el 4-0 ante el Liverpool. Más que nada para sacar alguna conclusión o reflexión de un resultado que para mí sigue siendo tan inexplicable como el de la ida. Si el del Camp Nou acaba 3-2 y la vuelta 3-1 la diferencia habría sido igualmente de un gol a favor de los ingleses, pero creo que ni las sensaciones ni la tristeza habrían sido las mismas. Que el brillo de la Champions no nos ciegue: el partido de Anfield no nos puede privar de disfrutar de una gran temporada. Aún puede acabar en Doblete. Antes de la eliminatoria, más o menos todo el mundo veía que había un 50% de posibilidades para cada equipo, pero tras el 3-0 de la ida, estas aumentaron muchísimo para los azulgrana. Y más viendo cómo podían disfrutar de más descanso y que no tenían bajas tan importantes como los ingleses (a priori, porque luego la de Dembélé se me antoja que pudo ser decisiva). Yo mismo dije en este blog que todo parecía soplar en buena dirección menos esta baja. Por eso la decepción ha sido mucho mayor. Pero lo del Ajax (2-3 ante el Tottenham) ha sido aún peor, porque ha estado clasificado para la final hasta los últimos segundos de la eliminatoria, recibiendo 3 goles en 45 minutos, exactamente como el Barça, pero en su estadio, para mayor delito. Recordad las eliminaciones de tres grandes favoritos, PSG, Real Madrid y Juventus, en sus estadios y ante equipos que no estarán en la final. Los jugadores holandeses tirados con el postrer gol de Lucas Moura recordaron a los del Bayern en aquel minuto del siglo en el Camp Nou en la final de 1999. 

En ambos casos, la resolución de estas semifinales, han dejado héroes inesperados como Origi, Wijnaldum y Lucas Moura en lugar de titulares consagrados y mediáticos como Salah, Firmino o Harry Kane. Eso me lleva a la primera reflexión que quería hacer. En el banquillo del Barça hace tiempo que falta un plan B en condiciones. Hace falta gente con capacidad de resolver un partido y con capacidad de hacer gol que salga desde el banquillo. También en el campo, por supuesto, porque Messi solo no puede con todo. Al lado de Valverde sólo estaba la solución Malcom, que no es precisamente un goleador ni ha tenido muchas oportunidades en el equipo. Boateng, el nueve suplente, estaba en la grada. Pensaba que podía aportar algo esta temporada, al menos su experiencia, pero se ha demostrado como un gran error. Como pensaba Cruyff, creo que siempre hay que tener un plan B, por si el A sale mal. Yo habría dejado a Coutinho en el banquillo simplemente por eso. Habría apostado por Sergi Roberto o Arthur de centrocampista y jugado con un 4-4-2, que es el sistema que mejor le ha ido al Barça. Nunca sabremos qué habría pasado, porque es jugar al fútbol-ficción. Igual podía ir 3-0 a falta de media hora, pero así al menos tendrías una bala en el banquillo, alguien con gol y con capacidad de resolver el encuentro. Eso, claro, en teoría, porque la temporada de Coutinho no sirve precisamente para alabar esta tesis. Lamento decirlo porque creo que es buen jugador, pero no ha encajado en este Barça. Para jugar arriba necesita tener más gol y para jugar en medio, más sacrificio y sentido táctico, que creo que no tiene ninguno. No sé cómo se resolverá su futuro, pero yo lo cambiaba por Griezmann con los ojos cerrados.

Al contrario que en Roma, me parece que esta vez el Barça tuvo sus momentos en Anfield. Sobre todo en la primera parte (pero también en la segunda). Pudo y debió marcar al menos un gol que le habría clasificado. El Barça ha resuelto partidos esta temporada con menos oportunidades que las que tuvo en Anfield. Pasó al contrario que en la ida, donde Messi aprovechó las suyas y el Liverpool falló las que tuvo. O se las paró Ter Stegen, que es lo mismo. Esta vez Alisson estuvo más firme que el alemán, que quizá pudo hacer algo más en el 2-0, un gol clave, sobre todo, porque el 3-0 llegó casi a continuación. Lo del tanto de córner que nos elimina es difícil de explicar, pero el Barça concedió muchos saques de esquina y faltas laterales y sólo sufrió una ocasión de peligro por medio de Van Dijk. Y fue con el pie. El Barça defendió bien ese aspecto del juego, menos en ese despiste general, producto quizá de la ansiedad que les generaba el resultado. Lo peor de todo para mí fueron las perdidas o balones regalados en la construcción del juego. Faltó serenidad y concentración para elaborar, pese a la presión del Liverpool. Así llegaron casi todos los goles o los que pudieron ser. Al Barça lo condenaron dos malos comienzos en cada tiempo y estuvo muy por debajo en la intensidad del Liverpool, que ganó la mayoría de los balones divididos. Igual que en la ida el Barça aprovechó mejor sus momentos, esta vez el Liverpool aprovechó mejor los suyos y los jugó mejor, en líneas generales. Es una lástima que un equipo tan seguro como este Barça haya fallado en sólo 2 momentos claves en las dos últimas temporadas (sin contar, claro, la final de Copa que está por jugarse), Roma y Liverpool, pero el fútbol (igual que la vida) tiene estos caprichos. Que la anterior influyó en esta es innegable, porque las emociones son difíciles de sacar del corazón.

El Ajax parecía invencible en esta Champions, había eliminado a Real Madrid y Juventus, había ganado en la ida al Tottenham 0-1 y en la vuelta el marcador reflejaba un 2-0 al descanso. Nadie en su sano juicio hubiera apostado un céntimo por una eliminación, pero bastó una contra mal defendida para que le entraran los nervios y empezara su pesadilla. En esta Champions ha habido muchos resultados inesperados. Los de la ida y vuelta de este Barça-Liverpool también los fueron. Creo que no hay que analizar la temporada del Barça por este 4-0. Sería un gran error. Esperemos a ver cómo acaba primero el curso, porque alzar un Doblete, más la Supercopa de España, y llegar a semifinales de Champions, no lo hace cualquiera. El Barça incluso podrá presumir de haber goleado al campeón de Europa, sea quien sea el ganador. Insisto: puede ser una gran temporada. 

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