class="post-template-default single single-post postid-32443 single-format-standard header_3 nav_bar_static preloader wpb-js-composer js-comp-ver-4.7.4 vc_responsive">

El Barça dejó escapar la Supercopa en el último suspiro

Facebooktwitterredditlinkedin

Después de una trabajada semifinal y una no menos laboriosa final, cuando había hecho lo más difícil, que era ponerse por delante y ganaba por 2-1, el Barça dejó escapar la Supercopa de España en el último suspiro. El empate de Villalibre, al rematar una falta a escasos palmos de las narices de Ter Stegen, rozando el minuto 90, fue un palo que los de Koeman no supieron digerir. Al contrario, el Athletic se creció, salió en la prórroga más decidido, con más fe, y Willliams, con un prodigioso gol (inédito, yo diría, en su carrera, al más puro estilo Henry), terminó por sentenciar una final que recordó lo ocurrido hace un año con el Atlético (3-2), porque acabó con el mismo resultado y casi de la misma manera. Esta vez Koeman no corre peligro, pese a estar con peores números y en una situación, tanto en la clasificación de Primera, como en la Champions, mucho peor que hace un año. Tanto insistí en que aquella destitución de Valverde fue un error, que no merece la pena volver sobre ella, pero todavía se están pagando las consecuencias. 

Creo que, como en el caso de la semifinal, el Barça jugó bastante bien durante 90 minutos y se vio superado por el ímpetu y el mayor vigor físico de su rival en la prórroga. Eso habla de nuevo de que, en el banquillo, Koeman no parece tener soluciones adecuadas. De ahí su insistencia en traer unos refuerzos en este mercado invernal que parece que ya no llegarán. Puede que las recuperaciones de Piqué, Ansu Fati y Sergi Roberto, que pronto volverán a entrenarse, ayuden algo al equipo, pero seguro que entonces caerán otros. Esta derrota corta de manera brusca la mejor racha que había experimentado el Barça esta temporada: nueve partidos sin perder. Si la próxima es más duradera, estaremos todavía en una buena línea. Si vuelve otra vez a la irregularidad de principios de curso, no habremos avanzado nada o casi nada. 

Messi jugó la final mermado físicamente, porque bajó el nivel exhibido en San Mamés y Granada, pero aún así, de sus botas salió una vez su conexión mágica con Alba que significó el 1-0. El remate del argentino a la asistencia del lateral fue taponado por la defensa, pero el rechace lo cazó Griezmann, con oportunismo. Alba también dio el pase al francés en el 2-1, un gol que debió de valer un título y no lo hizo. Griezmann no está teniendo suerte en su aventura de azulgrana, pues ni siendo el mejor del Barça se llevará un poquito de gloria. Con esos dos goles, en el Atlético, no se hubiera escapado esta final ni de broma, debió pensar al final del partido, aunque también de rojiblanco sufrió grandísimas decepciones a última hora, como en las finales de Champions perdidas. Esa falta de sufrimiento, instinto o capacidad para cerrar los partidos importantes que vas ganando no es de ahora, sino que se perdió en la noche de los tiempos, así que no se le puede achacar a Koeman. En cambio, sí que se puede reprochar al técnico (al menos yo lo hago) que esté ninguneando y devaluando a un jugadorazo como Pjanic

Por último quería hacer una mención sobre el árbitro, Gil Manzano, que colaboró como un jugador más del Athletic a ese triunfo en la Supercopa. Vale que ni Dembelé ni Pedri ni Messi hicieran su mejor partido, vale que los de Marcelino pusieran más intensidad y, sobre todo, más fe, pero también añadieron más pisotones, agarrones y hasta cabezazos que pusieron en peligro hasta la integridad física de los jugadores del Barça (a De Jong casi le parten la cara) y que fueron permitidos impunemente por el colegiado. Que Messi terminara expulsado (la primera vez de azulgrana) y que Dani García, por ejemplo, acabara el partido, clama al cielo. El argentino, harto de que en cada acción de uno contra uno terminara agarrado, pisoteado o bloqueado por el rival, intentó zafarse de Villalibre, que le impedía hasta por dos veces llegar a posiciones de remate. Puede que lo hiciera con algo más de ímpetu, pero no creo que eso se pueda considerar agresión, sobre todo vista la imagen de frente y no a kilómetros de distancia como la vio el árbitro en el monitor del VAR. Fue un triste colofón de impotencia de Messi al ver cómo, de nuevo, los árbitros colaboraban en la enésima encerrona que sufre su equipo. Sobre todo, después de que Gil Manzano le enseñase a Lenglet una amarilla en el minuto 10 por una supuesta falta a Williams en el centro del campo. Bajo esa vara de medir, el Athletic debió acabar con 8 o 9 jugadores en el campo. En fin, como ya os dije, tampoco hay que hacer mala sangre con esta derrota, pues me parece un título menor y absurdo, que lo único que ha hecho ha sido desgastar un once ya de por sí muy cansado. El jueves arranca para el Barça la Copa en Cornellá y el domingo regresa a la Liga en Elche. Enlazará de esta manera 7 partidos consecutivos sin pisar el Camp Nou, algo que no suele pasar a menudo. 

 

Facebooktwitterredditlinkedin

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies