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El VAR ganó el Clásico

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Creo que oficialmente ya podría ser considerado como el jugador número 12 del Real Madrid. El VAR ganó el Clásico más raro y triste de la historia, porque fue el primero que se jugó sin público. Arriba tenéis la jugada que decidió el duelo, un agarrón de los que hay cientos y cientos en todas la jugadas de balón al área y que suponía ningún peligro para el Barça. Ramos y Lenglet forcejean. El francés agarra de la camiseta al madridista, que empuja a su rival y se tira al suelo como si le hubieran matado cuando el balón sobrevuela su cabeza a kilómetros de distancia. Ya digo que no es ni siquiera una ocasión clara de gol, en cuyo caso podría haber duda. Me acuerdo ahora mismo de un agarrón mucho más claro en Vigo a Piqué en una jugada que iba claramente a rematar y que ni se revisó ni se pitó como penalti, pero habrá, ya digo, cientos más a poco que se rebusque. El caso es que como ya ocurriera en el final de la temporada pasada, el VAR sigue jugando a favor del Real Madrid cuando lo necesita. 

Creo que el partido había sido muy igualado en la primera mitad, con dos goles tempraneros de Valverde y Ansu Fati, pero que el Barça había iniciado mucho mejor en la segunda. Con el penalti llegó la frustración de un equipo muy joven y que, por supuesto, puede acusar estos traicioneros golpes. Me parece que hasta entonces el Barça había sido ligeramente superior. Pero esa acción le sacó del partido. Igual que nos sacó a nosotros como aficionados. A mí, por lo menos. A partir de ahí no me gustó ver el encuentro, que se puso, con espacios arriba, totalmente de cara para el Madrid. Ya os he dicho muchas veces que lo del arbitraje en este país está montado así. También se podría haber interpretado como penalti una entrada a Messi en la primera parte en la que Casemiro toca el balón, sí, pero después tira al argentino dentro del área. Puestos a interpretar, se podría haber interpretado penalti. Pero ya sabéis para quién cae siempre de cara la moneda. 

Martínez Munuera, por si no lo sabéis, es el mismo árbitro que si Messi controla un balón con el hombro en la Supercopa pita mano, pero si lo hace Benzema, en una acción calcada, exactamente igual, da el gol sin problemas. Puede que fuera mucho riesgo jugar el Clásico con gente tan joven (dos de menos de 18 en el once, Ansu Fati y Pedri), puede que Koeman tardara un poco en hacer los cambios y puede que se equivocara en hacer tantos casi a la vez y cuando casi no había tiempo de juego (ya le pasó algo parecido ante el Getafe), pero puede que también él se dejara arrastrar por la injusticia de un penalti que para los madridistas, claro, será tan nítido que dirán que criticamos al VAR cuando acierta, como siempre. Incluso Messi acabó desquiciado por el árbitro, que no acertaba ni a poner la barrera de sus faltas a la altura reglamentaria. Es difícil jugar contra el Real Madrid y contra el VAR, como decía Pellegrini. El Barça, ya lo he dicho muchas veces, tiene que ser infinitamente superior para poder hacerlo, como ocurría en las épocas de Guardiola y Luis Enrique. A Valverde le costaba un poco más, pero gracias a un sapiencia táctica, también lo hacía. Con un equipo en construcción es más difícil. Sólo queda que los jóvenes aprendan que si no son muy superiores al Madrid no le podrán ganar nunca. 

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