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Ganar al Depor permitiría saltar al Bernabéu a 11 puntos

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Lo primero que me dice este 0-2 en el Madrigal es que el Barça sabe vencer bajo presión. Habían ganado todos su rivales en la lucha por el título. Primero el Madrid, luego el Valencia y más tarde el Atlético. Es un buen síntoma para lo que nos espera, porque la Liga es todavía muy larga. Eso sí, ganar al Depor permitiría saltar al Bernabéu a 11 puntos de los blancos y podría ser una baza psicológica más. Por si no lo sabéis, el Madrid aplazará su partido del próximo fin de semana en Leganés por la disputa del Mundialito. Digo esto porque muchos en la capital ya echaban cuentas de ponerse por delante tras el Clásico. Es más, si el Barça derrota al Deportivo el domingo (20:45), saldrá líder del Bernabéu, pase lo que pase allí y hagan lo que hagan el resto de los rivales. No os digo, por supuesto, lo que sería una victoria en el coliseo blanco, porque, como en el caso del City de Guardiola con el Manchester de Mourinho (1-2 en Old Trafford), creo que significaría prácticamente apartar a un adversario de la pelea por el campeonato.

El Barça volvió a repetir contra el Villarreal actuaciones ya vistas esta temporada ante rivales que prefieren parapetarse en su área y salir rápidos a la contra. El peligro de estos partidos es que se conviertan en un ida y vuelta en los que casi siempre sale perdiendo el Barça, sobre todo cuando no tiene a jugadores veloces como Neymar o Dembélé, capaces de castigar en el intercambio de golpes. El equipo de Valverde antepone el control del partido incluso a la opción de fabricar peligro. Me parece que ya no es una casualidad que sea el equipo menos goleado de la Liga y de la Champions y que sólo le hayan marcado 8 goles en los últimos 23 partidos en las tres competiciones. Cierto que Ter Stegen volvió a meter dos buenas manos en sendas ocasiones del Villarreal, una a remate de Soriano en la primera parte y otra a tiro de Trigueros en la segunda. Pero también el Barça pegó dos palos (Piqué y Suárez) y tuvo muchas más opciones.

Y claro que todos echamos de menos aquel Barça brillante de Guardiola o de Luis Enrique que demostraba mucha superioridad sobre la mayoría de los rivales. Este de Valverde es un Barça mucho más terrenal, sin tanta concesión al espectador, sobre todo fuera de casa. Muy dependiente de Messi para el desequilibrio, pero también más sólido y solidario. Me da que el equipo quiere construirse a base de insistir en monopolizar el balón, aunque sea en zonas de poco riesgo. Sólo lo pone en peligro en contadas ocasiones y cuando está colocado para recuperarlo rápido o, al menos, para que el rival no le haga mucho daño. El partido había sido igualado en la primera parte, pero empezaba a decantarse en la segunda con dos ocasiones claras de Alcácer y Messi, las dos a pase de Alba, cuando se desequilibró por la expulsión de Raba. Su plancha a Busquets fue criminal. Pudo haberle lesionado y no tengo ninguna duda de que le hizo mucho daño. Me parece que la roja es clara, aunque algunas veces los árbitros lo dejan en amarilla sin saber muy bien el porqué. Jugando 10 contra 11 ya era cuestión de tiempo y finura. La que tuvo Luis Suárez tras una combinación de vértigo en la media luna del área con Messi y Alcácer. El toque sutil del valenciano fue providencial y luego la maniobra del uruguayo sorteando a Asenjo, de manual. A raíz del primer tanto, el Barça pudo golear, pero sólo volvió a marcar Messi tras un regalo de la defensa amarilla. El argentino iguala el récord de Torpedo Müller de 525 goles en un solo club de las grandes ligas europeas. Vermaelen pasó otra prueba de fuego y Alba fue quizá el jugador más destacado. Lo dicho, sin jugar brillante, el Barça sigue poniendo a prueba su solidez en los campos más difíciles de la Liga. Ya sólo quedan el Bernabéu y el Pizjuán. La Liga para el Barça se decidirá en el Camp Nou.

(Foto/autor: Messi y Suárez, la pareja letal autora de los dos goles/fcbacelona.es)

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