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Iniesta, Messi y Neymar derrochan coraje para firmar un doblete épico

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Nunca me cansaré de elogiar a este Barça porque es más grande de lo que ni siquiera podemos imaginar. La temporada pasada acabó con el segundo triplete de su historia y esta termina con un doblete épico (o un póker, porque habría que añadir Supercopa y Mundial), en territorio hostil (Madrid), contra un árbitro todavía más hostil (Del Cerro Grande, otro madrileño), jugando con diez desde el minuto 35 (por expulsión de Mascherano), forzando la prórroga con coraje y doblegando a un Sevilla (2-0) que no se rindió nunca y que nunca dejó de pegar y pelear. El apasionante, tenso y bravo partido del Barça deja muchos nombres propios. Alba fue el autor de un gol importantísimo, pero la asistencia, en una de sus clásicas aperturas, fue de Messi, que también le regaló el segundo a Neymar. El brasileño, con Suárez fuera de combate al comienzo de la segunda parte, se remangó y fue fundamental para mantener al Barça en pie, luchando por la Copa y luego protagonizando la expulsión de Banega, que dejaba a los dos equipos igualados de fuerzas.

Qué decir del partidazo de Messi, de Busquets o de Piqué. Mathieu suplió muy bien a Mascherano y Alves derrochó energía, como siempre. El más flojo fue quizá Rafinha, porque supongo que notó la falta de actividad en un partido de tan alto voltaje. Por encima de todos se elevó Iniesta, nuestro capitán, saliendo de todas las emboscadas como por arte de magia y alentando a todo el equipo a creer hasta el final, incluso cuando el árbitro parecía actuar de sevillista infiltrado. Sinceramente, he de confesar que con la expulsión de Mascherano lo vi todo muy negro, como supongo muchos de vosotros. Luis Enrique bajó a Busquets de central hasta el descanso y luego reorganizó el equipo con la entrada de Mathieu por Rakitic. Neymar y Suárez se colocaron en las bandas y Messi, arriba, de palomero, para buscar alguna contra. Era lo que debía hacer. En el descanso pensé que el técnico debería quitar a uno de los de arriba, pero también dudaba sobre quién debía salir.

Aparentemente la lesión de Suárez (dio pena llorando en el banquillo porque supongo que puede perderse la Copa América) era otra dificultad más que añadir al árbitro y a las patadas del Sevilla, pero creo que la entrada de Rafinha le vino bien al equipo, porque así tuvo más equilibrio y no sufrió tanto como al principio de la segunda parte. Con la expulsión de Banega y las fuerzas igualadas, se terminó imponiendo la clase de Iniesta, Messi y Neymar, como era previsible. Este triunfo sirve para cerrar muchas bocas que decían que el Barça siempre juega contra diez. El Barça también sabe ganar en inferioridad. No es fácil jugar contra diez, como quedó demostrado. El Sevilla se encontró a un rival muy parapetado y ordenado, dispuesto a sacrificarse y a buscar la contra, exactamente como le juegan el 90% de los rivales al Barça. Para un equipo que viene de ganar un triplete, que acaba de levantar una Liga contra todo y contra todos, su demostración de amor propio en esta final, de creer que se podía conseguir el título, de espíritu ganador y de pasión por su trabajo y sus colores es digno de que aparezca en todo buen libro de historia del fútbol que se precie. Yo desde este modesto blog hago mi contribución. ¡Que gran final! ¡Que gran doblete! ¡Enhorabuena a todos los culés! ¡Es la Copa 28! ¡Celebradlo todo lo que podáis!

(Foto/Autor: El equipo celebra el título en el Calderón/Victor Salgado-fcbarcelona.es)

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