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Jordi Cruyff se emociona al despedir a su padre a los 20 años de su último gol con el Barça

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«Johan no sólo es nuestro sino que es un poco de todos». Jordi Cruyff se emocionó y nos emocionó a todos los barcelonistas al despedir a su padre en el Camp Nou. «Entre el Barcelona y él hubo un abrazo final en estos últimos meses», confesó Jordi, que mostró su sorpresa por la resonancia y la fuente de inspiración que fue su progenitor para tanta gente en tantas partes del mundo. «Ojalá que el mensaje que quiso dar se mantenga». Eso espero yo también, como ya he dicho en varias ocasiones. Mientras estaba escuchando hablar a Jordi, me vinieron a la cabeza imágenes suyas como jugador y me acordé de su último gol en el Barça. Fue en un Barça-Atlético (1-3) de 1996. El próximo 20 de abril hará 20 años. Lo recuerdo perfectamente porque vi el partido en una cafetería del Paseo del Prado mientras un amigo se casaba en Los Jerónimos. Figo centró y Jordi cabeceó con la coronilla, entonces llena de pelo, adelantándose a Solozábal. El balón entró por la misma escuadra de Molina y se fue corriendo hasta la banda para abrazar a su padre.

Jordi había debutado dos años antes de ese gol, en la Supercopa de 1994 contra el Zaragoza, el único título que conquistó de azulgrana. Formaba parte de aquella Quinta del Mini (De la Peña, Oscar, Roger, Celades y Velamazán) que se truncó prematuramente por la destitución de Cruyff, su principal mentor y valedor. Hace 20 años ese jovencísimo equipo estaba casi en la misma situación que el actual, con posibilidades de hacer un triplete. Pero en esos primeros 20 días de abril lo perdió todo. Primero la Copa del Rey, también contra el Atlético, con un gol de Pantic de cabeza en la prórroga, luego la UEFA, donde fue eliminado por el Bayern en el Camp Nou (1-2) después de hacer un gran partido en Múnich (2-2) y, por último, la Liga.

A falta de cinco jornadas para el final, el Atlético sacaba tres puntos al Barça, que podía ser líder si ganaba. Jordi Cruyff igualó momentáneamente un partido que ha pasado a la historia por el magistral amago-regate de Caminero a Nadal que dio origen al 0-1. Luego Busquets padre falló en el 1-2 y Biagini sentenció al final. El Atlético hizo doblete. Para quien no lo viera jugar, Jordi Cruyff recordaba a su padre en el físico (delgaducho, frágil) y en los movimientos (eléctricos), pero no en el talento, claro. Sólo jugó 51 partidos (11 goles), pero creo que no hubiera tenido problemas para seguir más tiempo en el Barça. A la gente le gustaba mucho su carácter combativo y peleón. Con 22 años, tras la destitución de su padre, decidió seguir otro camino. Jugó con Holanda la Eurocopa de 1996 con Hiddink de seleccionador y tras pasar por el Manchester United, dio lo mejor de su carrera en el célebre Pink Team del Alavés (2000-03). Lástima aquella final de UEFA en la que marcó y que se escapó por poco ante el Liverpool. Colgó las botas en 2011 y ahora es director deportivo del Maccabi de Tel Aviv, donde colocó a un ex compañero suyo, Óscar García Junyent, de entrenador. Escuchándole hablar tan bien en inglés, si ha heredado los genes de su padre a la hora de descubrir el talento, con el pasado que tiene en el club y la fuerza de su apellido, no me extrañaría nada si en un futuro no muy lejano le vemos por los despachos del Camp Nou organizando la parcela deportiva del club.

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