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Luis Enrique, ahora el mejor entrenador, sigue rotando

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Luis Enrique acaba de ser elegido por Coach World Ranking como el mejor entrenador del mundo en base a los resultados obtenidos esta temporada con el Barça, pero en sus comienzos recibió un sinfín de críticas por los innumerables cambios que hacía en el equipo. Que si tenía muchas dudas, que si no había un once definido, que si volvía locos a los jugadores cambiándoles de puesto, etc. Pocos entendían su sistema de rotaciones y su fe en el juego posicional y el intercambio de roles. El técnico considera que es el mejor modo de gestionar una plantilla. Así todos los integrantes de ella se sienten útiles, en mayor o menor medida, para cuando llega su momento. Todos los jugadores rotaron en alguna ocasión, desde los porteros, que se reparten las competiciones (Liga para Bravo, Copa y Champions para Ter Stegen), pasando por los centrocampistas (la línea con más cambios, porque es la que tiene un nivel más similar y es la que sufre mayor desgaste con el sistema de Luis Enrique) hasta, en menor medida, los tres de arriba, con Messi como único intocable, porque son los encargados de decidir los partidos y los títulos.

Esto no es nuevo en el Barça. Cruyff ya lo ponía en práctica y Guardiola, un reconocidísimo cruyffista, también. De un partido a otro, podían cambiar al equipo entero. En contraposición a lo que ha hecho Ancelotti en el Real Madrid (un once que se recitaba de memoria, salvo lesión o sanción, con pocos cambios), es ahora al final de temporada cuando empiezan a verse los beneficios del método Luis Enrique. Mientras los analistas del Real Madrid han destacado la indolencia con la que el equipo cayó frente a la Juventus, los del Barça encuentran a los jugadores azulgrana más frescos de piernas y de mente. Luis Enrique no ha cambiado nada, ha seguido rotando, porque contra la Real Sociedad, en mitad de la eliminatoria de Champions contra el Bayern, jugaron de titulares BravoBartra, Adriano, Xavi y Rafinha. Y al final salió Pedro. Medio equipo fue distinto al que se jugó el pase a la final de Berlín.

A Luis Enrique, por otra parte, los cambios le vienen de serie. En su etapa de jugador comenzó como delantero centro, pero llegó a actuar de lateral derecho o izquierdo, de interior y de extremo por ambas bandas e incluso de mediocentro, ya al final de su carrera en el Barça. Luis Enrique era un multiusos con mucho olfato de gol, para decirlo con la expresión clásica. Aprovechaba muy bien su gran condición física para trabajar y defender y también para llegar a la portería rival. Fue un gran comodín para Van Gaal, que lo utilizaba para cubrir cualquier ausencia que hubiese en el equipo. Ahora lo único que hace Luis Enrique es poner en práctica lo vivido y aprendido. Y, de momento, bastante bien, por cierto. Ahí está el Barça, a tres tiros del triplete.
(Foto/Autor: Luis Enrique/Lluis)

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