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Messi es más que Jordan

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Lo creo firmemente. Y más ahora que acabo de terminar la serie documental de Netflix, The Last Dance (El Último Baile). Messi es más que Jordan. No es más que mi opinión, claro. Otros opinarán lo contrario. Pero intentaré daros mis razones. Jordan reinó en su deporte, el baloncesto, durante muchos años, como Messi está haciendo con el fútbol, aunque el estadounidense concentró sus éxitos en dos trienios (1991-93 y 1996-98) en los que ganó 6 anillos de la NBA. Ni antes ni después de esos triunfos con Chicago ganó nada a excepción de las medallas de oro en los Juegos de 1984 y 1992, donde lideró lo que pasó a la historia como el Dream Team. Hay otros baloncestistas en la historia que han ganado tanto o más que él (el mismo Scottie Pippen o Kareem Abdul-Jabbar por no hablar de Bill Russell y los componentes del gran Boston de los años 60), pero ninguno que haya sido tan decisivo y regular en la excelencia, tan exigente con el espectáculo y con tanta competitividad como Michael Jordan. Ganar y perder ganan y pierden todos los deportistas, es una obviedad. Y quien no entienda eso no entiende lo que es un deporte. Pero hay algo más que ganar o perder y es la impresión que queda en la gente cuando te ve jugar. No en vano, los dos se han ganado con creces el apodo de Dioses

Yo crecí admirando e intentando emular (sin conseguirlo, claro) las hazañas de Jordan y no me he perdido un partido de Messi de los más de 700 que lleva con el Barcelona. He sido muy afortunado, como todos los de mi generación. En uno de los capítulos de El Último Baile, Jordan viene a decir que la gente paga un dinero por verle jugar y que él, como compensación, tiene que intentar dar lo mejor de sí mismo en cada partido. Es lo que lleva haciendo Messi desde que empezó a jugar en el Barça. Con más o menos fortuna, pero con el mismo ansia de ganar cada partido. Me cuesta encontrar o recordar un partido malo de Messi, porque incluso en aquellos que sus críticos dicen que no aparece (la vuelta de Anfield, por ejemplo, aunque su actuación de la ida debió valer para pasar a la final de Champions) nos deja 3 o 4 acciones memorables como varias asistencias que sus compañeros no acaban transformando en gol. Tanto el fútbol como el baloncesto son deportes de equipo y hasta que el mejor solista como Michael Jordan no se vio rodeado de gente como Scottie Pippen o Dennis Rodman y en menor medida por John Paxson, Horace Grant, Toni Kukoc o Steve Kerr y estuvo dirigido por el entrenador con mejor palmarés de todos los tiempos en la NBA, Phil Jackson (11 anillos), no empezó a ganar títulos. Jordan incluso bajó sus promedios de anotación en los años de mayor éxito, porque evidentemente no tuvo que hacer el trabajo él solo, por mucho que todos le buscaran cuando había que jugarse el tiro decisivo. 

Un gran equipo como el Chicago de Jordan o el Barça de Messi no se construye en un día sino que se le van añadiendo y quitando piezas, jubilando y renovando jugadores hasta que se forma un buen puzzle. Y no siempre se acierta. El documental muestra cómo se mueve el interior de un gran equipo, cómo se gestionan o perjudican los egos de los jugadores, las siempre tensas relaciones con los dueños o directivos del club. Los dirigentes de Chicago desmantelaron aquel equipo ganador después del 6º anillo (1998) y desde entonces (ya van 22 años) la franquicia no ha jugado ni siquiera una final. A Jordan le queda la espina de no haber intentado al menos, luchar por el 7º anillo. Los equipos más exitosos que ha liderado Messi han sido los de Guardiola y Luis Enrique. El primero duró 4 años, el segundo, sólo 3. Con ellos, el argentino obtuvo 2 Tripletes, 1 Sextete y 2 Repóker, que es como ganar todo o casi todos los trofeos en los que participas. En aquellos equipos, Messi estuvo bien rodeado por la mejor generación de canteranos de la historia (Xavi, Puyol, Iniesta y Valdés) y por un puñado de fichajes de gran éxito como Alves, Mascherano, Suárez, Neymar o Ter Stegen, además de ser dirigido por los 2 mejores entrenadores de la historia del club. Ni los 6 Balones de Oro o las 6 Botas de Oro que posee tienen gran importancia para mí, pero ahí están para compararlos con los 5 MVP de la temporada de Jordan, pero para mí lo que da mejor una idea de la dimensión como jugador de Messi son sus 10 Ligas en los 15 campeonatos en los que ha participado, siendo máximo goleador en 6 de ellas y batiendo todos los récords de una competición que tiene casi 100 años de historia. Cuando se retiré (ahora suma 34 trofeos, más la medalla olímpica y el Mundial Sub-20 con Argentina y esta temporada aún puede ganar su 11ª Liga y su 6ª Champions), Messi dejará unas marcas que seguramente no se superaran en los próximos 100 años o quizá nunca.

Eso ha sido por su constancia y ese don que comparte con Jordan, que es vivir el presente, que es lo que le hace completamente diferente. A Messi no le preocupa ni el pasado ni el futuro. A él sólo le importa el próximo partido y dar lo mejor de sí mismo en ese partido. La gran diferencia, como en el caso de Jordan, con el resto de jugadores, es que nunca piensa en el fracaso. «¿Por qué voy a pensar que no voy a meter un tiro que ni siquiera he lanzado?», dice Jordan.  Messi piensa lo mismo. Si eso mismo se lo aplicaran muchos aficionados del Barça («¿Por qué vamos a pensar que no vamos a ganar un campeonato que todavía no hemos empezado?»), seguro que vivirían el fútbol de un modo más saludable. Por último, para mí Messi es más que Jordan, además de porque el fútbol es el deporte más popular del planeta, porque según dice éste último en el documental jugó mejor que nunca de los 33 a los 35 años, cuando logró su segundo ‘Triplete’, si se me permite la expresión, de la NBA. A mí ya me parecía que Messi estaba jugando especialmente bien esta temporada. Puede que mejor que nunca, cosa que ya es mucho decir. Ojalá Messi también haya visto la serie de Netflix y piense que aún le quedan unos cuantos bailes por ofrecernos y nosotros por disfrutarlos. 

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