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Messi juega en casa de don Patricio, el dublinés que salvó al Barça

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En agosto del año pasado, Danny Devenney, un artista irlandés, pintó el muro que tenéis sobre estas líneas. Está en Belfast y en él aparecen juntos Patrick O’Connell, tanto en su etapa de jugador como de entrenador, y Messi. ¿Qué tienen en común, os preguntaréis, estos dos personajes, uno nacido en el siglo XIX (1887) y el otro máxima estrella del fútbol mundial del XXI, que vio la luz justo 100 años después, en 1987? Pues una muy importante: posiblemente, el argentino no jugaría el Barça de no haber sido por la crucial actuación del dublinés en 1937, cuando salvó al club azulgrana de su desaparición. Sue O’Connell, mujer de Michel O’Connell, un nieto de Patrick, ha publicado recientemente la historia en un libro, del que también podéis ver la portada. La vida de este truhán lleno de carisma está repleta de anécdotas y, aprovechando el homenaje que recibirá en Dublín con motivo del Celtic-Barça (sábado 30, 19:00 hora española, primer partido de pretemporada), quería contaros unas cuantas.

Patrick O’Connell llegó a España en 1922 para entrenar al Racing después de colgar las botas en Inglaterra. Las botas y algo más, pues allí se dejó a su mujer, Ellen Treston, y a sus cuatro hijos. Con el equipo santanderino participó en la primera Liga de 1928. Tras dirigir al Oviedo, se hizo cargo del Betis, al que hizo campeón (1935). Es el único trofeo liguero de la historia del club verdiblanco y por eso Patrick fue a partir de entonces don Patricio. Sería en Sevilla donde conocería a otra irlandesa del mismo nombre que su mujer y se casaría con ella, pasando a disfrutar de una bigamia en la que ninguna Ellen tenía conocimiento de la otra. El éxito deportivo, no el sentimental, fue lo que llevó a Josep Sunyol a contratarle para dirigir al Barça. Avanzado a su época, O’Connell entrenaba con sus jugadores, fue uno de los pioneros del fuera de juego y ya creía que lo principal en el fútbol era el control del balón. Esa temporada, 1935-36, el equipo azulgrana fue campeón de Catalunya y perdió la Copa, entonces de la República, por 2-1 frente al Real Madrid en Mestalla.

El inicio de la Guerra Civil (18 de julio de 1936) le pilló de vacaciones en Irlanda. El club le comunicó que, aunque tenía contrato, podía quedarse en su país. O’Connell decidió regresar aunque el presidente que le había fichado, Sunyol, había sido asesinado por el bando franquista en un control de la sierra de Guadarrama (6 de agosto). La Liga nacional se paralizó, pero el Barça logró imponerse en la del Mediterraneo que se organizó en 1937. Con la guerra avanzando y sin poder generar recursos económicos, el club parecía en el verano abocado a la bancarrota y a la disolución. Patrick O’Connell contactó entonces con Manuel Mas Serrano, un exjugador de béisbol azulgrana, que estaba en México para organizar por aquel país y Estados Unidos una gira con la que sacar fondos y salvar a la entidad. Convenció a un grupo de futbolistas (sólo volvieron 4) y directivos para jugar 13 partidos de junio a septiembre con un saldo de 9 triunfos y 4 derrotas. Aquella gira proporcionó al Barça 15.000 dólares de la época, un dinero que convenientemente guardado en un banco de París permitió al club sobrevivir durante la dura posguerra. Tras entrenar en Barcelona, O’Connell seguiría su carrera en Sevilla, «un lugar donde la gente vive como si fuera a morir esa noche», según decía, y Santander, su primer destino, antes de regresar a Inglaterra, donde estuvo viviendo, ya en solitario y en la indigencia, en el ático de un hermano. Tuvo problemas con la bebida y murió de neumonía en 1959. Fue enterrado en Londres en una tumba sin lápida. En el museo del Betis su nombre ocupa un lugar destacado. Igual que en el del Barça. El Manchester United lo contempla entre sus jugadores ilustres. A partir de 2014, una Fundación que lleva su nombre está intentando rescatar del olvido su figura. Esta es mi modesta contribución.

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