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Messi se abraza a un socio de lujo, Pedri

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La receta del Barça ganador de los últimos 15 años la dio Guardiola hace mucho tiempo: que Messi sea feliz. No es necesario mucho más. A Messi le gusta que le entiendan en el campo sin que tenga que explicarlo con palabras, algo que sin duda no es su fuerte. Muchos jugadores en el Barça han fracasado porque no hablan el mismo idioma futbolístico que el argentino. Desde Ibrahimovic a Coutinho, algunos no han sabido leer el juego de Messi, ni sus desmarques, ni sus intenciones. Por eso ahora se abraza a un socio de lujo, Pedri, un chaval de apenas 18 años que le refresca en el cerebro la gran sociedad que formó durante años con Iniesta. Messi y Pedri se entienden desde el primer día sin decirse nada, sin explicaciones tácticas ni ideológicas. Juegan el mismo fútbol inteligente y dañino para los rivales: el que engaña, el que esconde la pelota, el que elige siempre la mejor solución a los problemas que plantea el adversario. Combinan sin mirarse, anticipan al rival y le burlan en una baldosa. El Barça necesita rodear a Messi de jugadores como Pedri, que entiendan el juego en espacios reducidos para brillar a lo grande. 

Me parece que Pjanic es otro de esos socios, como en su día lo fue Busquets, ahora quizá demasiado oxidado y sin la velocidad de mente de antaño. De Jong también es otro de los que le entienden y Dest, que acaba de llegar, copia lo que Alba ha hecho por la izquierda toda la vida: dar profundidad al equipo, porque, aunque parezca cosa de magia, Messi siempre ve todos los desmarques. El argentino necesita que todo el equipo se mueva a su alrededor para que él escoja siempre, o casi siempre, la mejor opción. Así se han fabricado los mejores Barça desde hace 15 años. En Valladolid, donde el Barça ganó por 0-3, como en Vigo, en la primera salida liguera del año, Messi por fin disfrutó este año jugando al fútbol. De nuevo, eso sí, hizo un héroe del portero rival, porque Masip le sacó no menos que un hat-trick de goles cantados, pero se vio una versión de Messi como las de antaño: muy participativo, muy incisivo, muy imaginativo. No sabemos cuánto hay de mejoría real del equipo y cuanto puso el rival, pero me parece que el dinamismo que De Jong y Pjanic le aportan a Messi en la sala de máquinas del doble pivote (así no tiene que bajar tanto a crear juego) es fundamental para su felicidad. A ver si Koeman por fin se da cuenta de que Busquets debe ser suplente. El bosnio completó 106 pases de 110 intentos y la mayoría de ellos fueron al primer toque, algo esencial para que el balón le llegue a Messi en las mejores condiciones. 

El técnico holandés apostó de salida por un esquema de tres centrales (Mingueza, Araujo y Lenglet) en busca de mayor seguridad defensiva. Lo logró con creces, pues el Valladolid sólo inquietó con verdadero peligro los dominios de Ter Stegen cuando ya estaba 0-3 en el marcador. Cuando Messi por fin, después de innumerables intentos, consiguió el tanto 644 con el que batía el récord de Pelé de goles marcados con un mismo club, todo el Barça se relajó y dio pie a las mejores opciones del Valladolid. El argentino había gestado los dos primeros tantos de Lenglet y Braithwaite. En el primero, poniendo una soberana asistencia a la cabeza del central y, en el segundo, filtrando un envío a Dest que el estadounidense convirtió en un pase de la muerte para Braithwaite. En el banquillo estaba Griezmann, que vio allí todo el partido y que debería aprender esos movimientos del danés, porque, aunque no le guste, su sitio en este equipo debería estar ahí, de nueve puro, aprovechando su instinto, su velocidad y habilidad para devolver paredes al primer toque. Es el único puesto en el que puede entrar en el equipo en teoría titular, porque me parece que a Pedri, a no ser que sea por descanso, ya no hay quien lo saque de las faldas de Messi. 

El Barça continúa con este triunfo en la línea ascendente que cortó un tanto el traspié ante el Valencia. Ahora sigue quinto en la tabla, a 5 puntos del Madrid y a 8 del Atlético, que tiene un partido menos. Quejan 24 jornadas y está claro que los de arriba deberán pinchar mucho y el Barça poco para que tenga opciones de luchar por el título, pero ahora eso no me preocupa tanto como que el equipo siga creciendo en la línea mostrada en los últimos encuentros. El Eibar de Mendilibar, dentro de una semana (martes 29 a las 19:15 h.) será el último partido de este 2020 para olvidar. Ojalá 2021 nos traiga un nuevo Barça alrededor de Messi, porque es poco lo que se necesita: que el crack argentino sea feliz jugando al fútbol. 

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