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Messi, Suárez y Neymar son un arma de destrucción masiva: 6-1 al Celta

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«Messi, Suárez y Neymar son un arma de destrucción masiva». La frase no es mía. Se la tomo prestada a Rooney, pero describe a la perfección lo que es el tridente del Barça. Además de ser una máquina de fabricar fútbol y de destrozar rivales, lo de su fantasía y calidad parece no tener límites. Sólo los propios de su desbordada imaginación. Ante el Celta vimos un compendio del fútbol que ha disfrutado la afición del Barça en los últimos 25 años. Vimos a Messi clavar una falta como lo hubiera hecho Koeman, Rivaldo o Ronaldinho. Por cierto, la estirada de Sergio, bellísima, dio aun más plasticidad al gol. Vimos a Messi y Suárez repetir lo que hacían Laudrup y Romario al borde del área en el segundo tanto: pase de vaselina del argentino y remate a bote pronto del uruguayo. Vimos a Messi inventarse un regate en el área para forzar un penalti y luego le vimos lanzarlo, en complicidad con Suárez, como lo hicieron Cruyff y Olsen en el Ajax en 1982. Vimos a un Neymar desatado, exhibiendo un resumen de toda la magia brasileña que ha pisado el Camp Nou, inventando regates, practicando lambrettas, pisadas de fútbol sala, picadas con la zurda, todo a máxima velocidad.

No sé. Que queréis que os diga. Fue una maravilla de partido. Quien no se enamore del Barça con esta masacre de San Valentín con que nos deleitó ante el Celta es que está ciego o es del Madrid. Iniesta dio un recital, Rakitic se unió al festival con otro gol de bandera y Busquets, Piqué y Mascherano sujetaron al equipo ante la valentía del rival. Tocaba devolver el 4-1 de Balaídos en la primera vuelta, como predije en el artículo anterior, y acerté de pleno. El partido respondió al guión previsto. Sólo hubo un cambio en la alineación gala: Sergi Roberto por Rakitic. Luis Enrique quería desactivar la presión adelantada del Celta con la potencia en conducción del canterano. No salió del todo bien porque el tridente no estuvo del todo fino en la primera mitad.

El Celta fue muy valiente y dio la cara mientras el marcador estuvo apretado. Con el 3-1 le vinieron a la cabeza el sobreesfuerzo del partido de Copa ante el Sevilla y el añadido de pasarse más de una hora detrás del balón y persiguiendo rivales, muchas veces en uno contra uno por todo el campo. Tras el descanso, el Barça fue incontenible. El primer tiempo frente al Valencia en Copa, unido a este segundo ante el Celta, dibujarían lo que sería la tormenta perfecta, el partido diez, la obra cumbre del Barça de Luis Enrique, aunque haya habido esta temporada otros encuentros en el Calderón, Bernabéu o contra el Athletic en los que también se ha jugado muy bien. Como ya dije la temporada pasada, no sé si el Barça ganará un título, dos, tres o ninguno este año, pero lo que estamos disfrutando por el camino con este equipo ya es para celebrar. Este 6-1 ya no habrá quien nos lo quite. No sé si en la vida volveremos a ver lo que estamos viviendo en estos momentos. A veces el Barça parece un videojuego, un producto de la imaginación, como si no fuera real, como si no fuera de este planeta.

(Foto/Autor: Suárez, Neymar y Messi se abrazan como si fueran una sola persona/Miguel Ruiz-fc barcelona.es)

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