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Nuestra afición también es la de Japón, no sólo la que está en Barcelona o España

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«Nosotros aquí nos sentimos muy arropados. Lo hemos notado desde que llegamos en el hotel y en las calles. La de Japón también es nuestra afición y no sólo la que está en Barcelona y otra ciudades de España«. La declaración es de Iniesta, el gran capitán del Barça, en la rueda de Prensa de víspera a la final del Mundial de Clubes, cuando le preguntaron por la diferencia de apoyo que habría en las gradas respecto a la afición de River Plate. Los hinchas del equipo argentino se desplazaron en masa a Japón. En el estadio internacional de Yokohama había alrededor de 20.000 por no más de 1.500 del Barcelona. Por tanto, la mayor parte de los casi 67.000 espectadores eran japoneses, fans incondicionales del equipo azulgrana. Iniesta ya ha entendido e interiorizado lo que es jugar para un club global.

La afición de River no paró de cantar y animar a su equipo durante todo el partido. Después de más de 30 horas de vuelo, con escala en Europa y de gastarse, como mínimo 40.000 pesos argentinos (unos 2.800 euros), no creo que se fueran muy contentos de regreso a su país. De ahí los reproches e insultos en el aeropuerto a Messi y Mascherano, objetivos de su frustración. El resto de la grada de Yokohama asistió más en silencio a la exhibición del Barça, pero tampoco disimuló su admiración cuando veía una combinación mágica del tridente, su decepción por alguna clara ocasión fallada y su gran entusiasmo en los goles de Messi y Luis Suárez. Esta diferencia de apoyo en las gradas, tanto en el número como en las formas, para mí ejemplifica perfectamente la brecha abismal que existe entre ambos clubes, Barça y River Plate.

He leído varias opiniones de argentinos tras la final y todas coincidían en destacar que la distancia que existe a nivel económico (633 millones de euros de presupuesto en el Barça por 54 de River) tiene una traducción inevitable a nivel deportivo (uno puede fichar a los mejores jugadores del mundo y el otro sólo a estrellas emergentes o en el ocaso de su carrera). River representa el fútbol de siempre, el del equipo apegado a su ciudad y, como mucho, a su región o país. El Barça es que mejor ha entendido el fútbol del presente y del futuro, el del equipo global, con aficionados en todas partes del mundo. Hay, sin embargo, algo que une a ambos clubes y es que el Barça no quiere perder nunca su identidad ni el espíritu del jugador aficionado. Lo primero se lo da su cantera (correa de transmisión de los valores del club) y lo segundo es herencia de Guardiola, el primero que instauró, por ejemplo, lo de viajar en el día a los partidos y lo de involucrar a las familias de los jugadores en la vida de la entidad. Messi, Neymar, Luis Suárez, Iniesta, Busquets o Piqué son estrellas mundiales pero el día en que sólo se comporten como tales y no como un equipo aficionado (entrenar divirtiéndote con tus amigos, celebrar juntos los éxitos y sentir mucho las derrotas) empezarán a perder ese encanto que tienen para el resto del mundo y empezarán a parecerse a esos otros equipos con vocación de globales que sólo coleccionan cromos de fútbol.
(Foto/Autor: Iniesta, en el metro de Japón/twitter de juezcentral)

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