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Pedro se ganó despedirse a lo Xavi tras su último servicio

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Pedro se ganó despedirse a lo Xavi tras un gran penúltimo servicio al Barça. El último será el dinero que deje en caja (ahora vale más tras su gol decisivo en la Supercopa) después de un traspaso que le permita jugar los minutos que el Barça le niega y que el canario sin duda merece. Ya dije en el artículo del pasado 4 de mayo que «Pedro no tiene más remedio que irse porque no tiene sitio» en este equipo. Neymar y Luis Suárez son mejores que él. Y Messi es intocable. Eso es algo que el propio Pedro reconococe. Por eso quiere irse. Luis Enrique le ve como un recambio de lujo para el mejor tridente de la historia azulgrana, pero Pedro se imagina como titular en casi cualquier equipo del mundo. No quiere consumir sus últimos años de fútbol rumiando en un banquillo. A partir de que se marche y hasta enero, el Barça tiene un problema, porque ya ha dejado irse a Deulofeu y Adama, dos jóvenes que podrían asumir el papel de Pedro. Ahora serán Munir y Sandro, ya con ficha del primer equipo, los que deban dar un paso al frente. A los dos, además del interés y el trabajo, habrá que empezar a medirles por rendimiento y goles, que para eso son delanteros.

La Supercopa de Europa en Tblisi, que dejó al Barça como rey absoluto del torneo, con cinco trofeos, los mismos que el Milán, empezó con cuatro niños cantando el Imagine de John Lennon. Estoy seguro de que nadie se imaginó el partidazo que se vería a continuación. Porque, ¿quién se podría imaginar que antes de los diez primeros minutos habríamos visto tres espectaculares goles de falta de Banega y Messi, que el Barça dejaría escapar un 4-1 de ventaja, que el Sevilla tiraría de casta y orgullo y empataría con merecimiento, que Pedro saldría del banquillo, ya en la prórroga, para firmar el gol del triunfo y que el Sevilla aún tendría opciones de poner el 5-5 en los segundos finales del partido?

Quiero pensar que la última media hora que siguió a la exhibición del Barça hasta que el tobillo de Iniesta se torció fue el producto de la excesiva relajación que daba la ventaja en el marcador. Hasta cierto punto es muy normal que los jugadores pensasen que la final estaba ganada. Yo mismo, como espectador, veía lo mismo: hasta hacía cábalas pensando en un marcador nunca visto. El Barça casi la pierde porque le resultó muy difícil volver a entrar en el partido tras la desconexión. En la prórroga de nuevo controló el encuentro y por eso lo ganó antes de la lotería de los penaltis. John Lennon imaginaba en su canción más famosa que no había países, que no había ni religiones ni posesiones, que no había ninguna necesidad de codicia ni de hambre en el mundo. Que toda la gente compartía todo con los demás. Barcelona y Sevilla regalaron al mundo una final parecida a aquella que protagonizaron el Alavés y el Liverpool en la UEFA 2001 y que acabó con el mismo resultado. En el tobogán de emociones del duelo, los aficionados al Barça disfrutamos más porque al final ganamos, pero aunque hubiésemos perdido, jamás habríamos podido olvidar este partido. Igual que  nunca deberíamos olvidar lo que dice la canción de John Lennon.
(Foto/Autor: Abrazo tras un gol de Messi en la Supercopa/FCBarcelona.es)

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