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Quini hizo el gol nunca visto de la última final en casa

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Al contrario de lo que le sucede al Real Madrid, que ha perdido siete de las nueve finales que ha jugado en su estadio, las dos últimas además de dolorosa digestión, contra el Atlético (2013) y contra el Deportivo (en 2002, el famoso Centenariazo), el Barça ha ganado las dos finales que ha disputado en su actual campo, el Camp Nou (en La Escupidora, uno antiguo, levantó otras dos Copas antes, en 1912 y 1913). Cuando se celebró la primera final, la de Copa de 1963, yo aún no había nacido. Pereda, Kocsis y Zaldúa marcaron en el 3-1 al Zaragoza. Pero de la última final en casa del Barça, en la que Quini hizo el gol nunca visto de la victoria, tengo un recuerdo muy nítido (¡qué mayor me estoy haciendo!), porque me llevé mi primera gran alegría como barcelonista.

La impresiones asociadas a una emoción se guardan más fácilmente en la memoria y aquella ocurrió en la final de la Recopa de 1982, la segunda que conquistaba el Barça tras la de 1979 de Basilea. El partido se vio en directo por Televisión Española y dejó para la historia un momento único: el gol de Quini. Y no porque fuera decisivo para el triunfo final, que sí lo fue, sino porque no se vio. Ninguna cámara lo captó. Hace 33 años, por supuesto, no había los medios televisivos actuales, en los que ningún detalle de lo que sucede en el campo pasa inadvertido, pero entonces podía ocurrir. Y, de hecho, pasó. La pillería de Simonsen, que no pidió barrera al árbitro para sacar una falta, no sólo sorprendió a la defensa del Standard de Lieja, sino a todos los cámaras que seguían el partido, que estaban focalizados ya exclusivamente en las órdenes del colegiado y en los preparativos del lanzamiento.

Para los que lo vimos por televisión fue igualmente sorprendente. Porque observamos el saque de la falta y a continuación el balón dentro de la portería del rival. Sin nada en medio. No teníamos ni idea de cómo lo había marcado Quini. No sabíamos si celebrarlo o no. Un gol raro. A la hora de recordarlo, incluso pensaba que el asturiano lo había hecho de cabeza, en uno de sus clásicos remates en plancha, pues acabó la jugada rodando por el suelo antes de celebrar el tanto con sus compañeros. Ha sido al bucear en la hemeroteca y ver la imagen de El Mundo Deportivo que ilustra estas líneas cuando he podido comprobar que mi memoria había fabricado un recuerdo equivocado. Fue su pie derecho, no su cabeza, el que logró batir al belga Michel Preud’homme. El dicho popular dice que no hay dos sin tres. Será difícil, pero ojalá el Barça gane este sábado su tercera final en el Camp Nou.

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