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Sampaoli tiene razón: debería haber dos Balones de Oro, uno para Messi siempre y otro para el resto

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Sampaoli tiene razón. Decía en la víspera del encuentro que debería haber dos Balones de Oro, uno para Messi siempre y otro para el resto. Y lo argumentaba así: «Hay una gran distancia entre él y el resto de jugadores normales. Es un error intentar comparar lo incomparable». Se volvió a comprobar en el Sánchez Pizjuán, donde Messi gobernó a su antojo un partido enorme, intenso, emocionante y que será recordado durante años. El Sevilla fue el Barça del Etihad. Desdibujó al equipo azulgrana hasta hacerlo casi irreconocible en la primera mitad y acabó sometido a la voluntad y al genio del crack argentino en la segunda. Al contrario, el Barça fue el Manchester City, un equipo a merced del rival hasta que empató y otro dominador, mandón y venenoso en la segunda parte, donde perdonó cantidad de goles.

Como el martes en la Champions, el gol de Messi lo cambió todo. Así de sencillo a veces es el fútbol. Muchos barcelonistas, entre los que me cuento, no dábamos un duro por el triunfo vistos los primeros 40 minutos. Pero tras el empate se nos mudó el ánimo por completo, como a los jugadores. «Si vamos igualados con el baño que hemos sufrido, sólo podemos mejorar». Es lo que pensé. Para ganar algunos partidos, a veces hay que sufrir un poco. El rival, como dice el tópico, también sabe jugar. El tanto de la esperanza surgió de Messi haciendo de Xavi en su propio campo, donde combinó con Denis, y concluyó con Messi haciendo de Messi, esperando el momento exacto para recibir el pase de Neymar y colocar el balón en la red como quien patea una pelota de golf a cinco centímetros del hoyo. Lo hace todo tan fácil que no nos damos cuenta de lo difícil que es ser Messi, como decía en un artículo reciente.

El Sevilla no es el Legia ni el Leganés, sino un señor equipo, un equipo de Champions. Y de los buenos. Por eso, su tremenda exhibición tuvo más mérito. Esta vez Messi no partió desde la banda, sino que actuó de falso nueve, la posición en la que le ubicó Guardiola, con Neymar y Suárez trabajando en los costados. Amo y señor del partido, la bestia del Sevilla (27 goles ya, al que más) le dio el gol del triunfo a Suárez, tras focalizar la atención de toda la defensa andaluza. El Pistolero no perdonó, aunque tanto él como Neymar sí lo harían en la media hora que quedaba por jugarse. Al no dar el merecido jaque mate, el Sevilla tiró de orgullo y pudo empatar en algún arrebato final, sobre todo en una mala salida de Ter Stegen en un córner. Creo que hubiese sido injusto. Rico paró mucho más que el alemán. Partido bravo en general de todo el equipo, pero enorme de la pareja de centrales, Mascherano y Umtiti. Sergi Roberto falló en el tanto inicial de Vitolo y el medio campo apenas tuvo la pelota en el primer tiempo, pero todos los jugadores mordieron en la segunda parte, aprovechando quizá el bajón físico y anímico del Sevilla. Esta puede ser una teoría para explicar las dos caras que mostraron los de Sampaoli, pero hay otra más sencilla. Muchos partidos del Barça se escriben con origen y punto final en Messi, que suma ya 500 goles de azulgrana. Es Simply The Best, como decía aquella maravillosa canción de Tina Turner. Simplemente, el mejor.

(Foto/Autor: Messi celebra el gol con Neymar y Suárez, sus compañeros del tridente/Miguel Ruiz-FCB)

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