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Sergi Roberto se merece la Selección y Suárez, un monumento

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Todos los periódicos (también yo) dábamos por segura la presencia de Iniesta en el equipo titular ante el Getafe. En el artículo anterior explicaba que jugarían los dos (él y Sergi Roberto), aunque me inclinaba por Iniesta por una simple cuestión de galones. Pues me equivoqué, como también lo hice en la duda que había en ataque, porque Luis Enrique volvió a confiar en Munir. Al final sólo acerté en la entrada de Mathieu como pareja de Piqué. Una de tres. Esto viene a confirmar algo que sé desde hace tiempo y es de perogrullo: los técnicos tienen más información que todos nosotros. Antes, cuando los periodistas podían ver los entrenamientos al completo, se podían averiguar las alineaciones más fácilmente. Por los ensayos, por el estado de forma de tal o cual jugador o simplemente por detalles. Ahora casi se ha convertido en una cuestión de azar. Podemos intuir cosas, pero no tenemos ninguna certeza. Nadie adivinó que Sergi Roberto sería titular por delante de Iniesta. Si le hubiera salido un mal partido, la críticas se hubieran cebado con él y con el que hizo la apuesta: Luis Enrique. Pero salió estupendamente. Sergi Roberto hizo un gran partido, en la línea que llevaba antes de lesionarse. Se merece ir a la Selección, como Neymar y Suárez un monumento, porque entre los dos han hecho que la ausencia de Messi pase casi desapercibida.

Del Bosque dará esta semana la lista para los partidos contra Inglaterra y Bélgica los días 13 y 17 de noviembre. En ella ya debería estar Sergi Roberto, ahora mismo uno de los centrocampistas en mejor estado de forma del fútbol español. Ya sé que hay mucha competencia en la Roja, pero el canterano tiene un perfil muy distinto a los que suele convocar Del Bosque. Reúne calidad, trabajo y recorrido a partes iguales, algo que no suele verse con frecuencia. Para prueba, sus dos asistencias de ayer. En la primera recordó a Ronaldinho. En la segunda, a Vieira. El taconazo que sirvió para que Luis Suárez convirtiera el primer gol fue una obra de arte. La conducción desde su campo hasta el centro a Neymar para que empalmara el segundo, una demostración de su extraordinaria potencia. Ya lo decía Guardiola hace años: «Cuando Sergi Roberto arranque, no habrá quién le pare». Aquí tenemos otro jugador para el Barça para los próximos diez años. Por cierto, si la definición del primer gol recordó la de Messi en su segundo tanto del 2-6, la de Neymar fue calcada a la de Ibrahimovic contra el Madrid (1-0) de 2009.

El partido tuvo un ritmo muy diferente al de Copa del pasado miércoles. Más eléctrico, no tan pausado. El muro planteado por el Getafe también invitaba a no equivocarse en la circulación, porque cualquier pérdida podía penalizar mucho, pero la velocidad del balón fue muy distinta. El Barça goteó oportunidades que se perdieron por falta de acierto (chilena de Munir, tiro de Rakitic, cabezazo de Sergi Roberto) o la vista de lince de los asistentes de Martínez Munuera, que tampoco vio otro penalti por mano de Vergini dentro del área. Y ya van… Si el Barça no llega a estar bien, este partido del Coliseum es el típico que yo llamo de encerrona y que se hubiera saldado con un empate o una derrota. En este tipo de partidos, el árbitro no sanciona nunca las faltas que hacen a los jugadores del Barça cuando estos van a recibir de espaldas y eso propicia robos de balón y transiciones rápidas del rival. Hubo una acción que vi paradigmática. Antes de acabar el primer tiempo, Damián Suárez le hizo una tijera por detrás a Suárez, al que casi lesiona, delante de las narices de Martínez Munuera. El árbitro vio la acción a un palmo de su cara y, claro, no le quedó más remedio que pitar la falta, pero dejó sin amarilla al jugador del Getafe. La actuación del colegiado y sus asistentes (escamotearon un mano a mano a Suárez y dos goles a Munir y Neymar fueron anulados por centímetros) no tuvo consecuencias en el marcador, pero en otra ocasión puede que el Barça no sea capaz de jugar un partido tan bueno como el que hizo en el Coliseum.

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