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Suárez supera a Kubala, el Espanyol a Segunda y presión al Madrid

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El Barça tenía un doble objetivo en el derbi y lo cumplió: envió al Espanyol a Segunda y metió presión al Madrid. Fue un partido muy distinto al de Villarreal, resuelto con un gol de Suárez con el que supera a Kubala como tercer máximo goleador histórico (195 por 194 tantos) tras Messi y César, pero me parece que el equipo sigue en línea ascendente. Pese a que sólo le valía la victoria para eludir el descenso, el rival planteó un partido superdefensivo, esperando una oportunidad que llegó en la primera parte por duplicado: Ter Stegen tuvo que hacer dos paradas de balonmano a Embarba y a su compañero Lenglet y luego Didac remató al poste. En la segunda mitad, el Espanyol casi no creó peligro, aunque pudo empatar en el tiempo añadido, que era su verdadero objetivo. La salvación era casi una quimera, así que al menos quería fastidiar al Barça en sus pocas posibilidades de alzarse con el título. En la grada estaba Tamudo, célebre por su gol que evitó que los azulgrana levantasen la Liga de 2007, que vio cómo su equipo descendía de nuevo a Segunda después de 27 años. Si el Espanyol hubiera jugado como lo hizo en el Camp Nou durante toda la temporada, seguro que no lo habría hecho ni de broma. Y si hubiera tenido los arbitrajes que disfruta contra el Barça, tampoco, claro. Ya los quisiera para sí el Atlético en sus derbis contra el Madrid. Sin ir más lejos, en los 2 partidos contra el Espanyol, al Barça le han expulsado a dos jugadores De Jong y Ansu Fati, que no son precisamente unos destructores de juego como los casi siempre indultados de Sergio RamosCasemiro.

Al contrario que en Villarreal, pese a que sólo hubo un cambio en el equipo (Rakitic por Vidal) o precisamente por eso, el Barça tuvo escasas ocasiones. Dos fueron muy claras, una de Suárez en la primera parte a pase de Griezmann y otra en la segunda de Messi tras una asistencia de Sergi Roberto. El voleón del argentino mereció el premio del gol, pero Diego López hizo una gran parada. Dominaron mucho los de Setién, pero con escasa profundidad. Tras el descanso, el técnico buscó una solución en Ansu Fati que el tridente, en esta ocasión, no le daba, pero a los 4 minutos de estar en el campo, el canterano fue expulsado. La inferioridad del Barça duró poco porque Pol Lozano también vio la roja poco después. A partir de ahí y, sobre todo, tras el tanto del triunfo, en el que colaboraron Griezmann (con un taconazo), Messi (con un remate que rechazó la defensa) y Suárez, que embocó en balón a la red con su instinto de depredador habitual, el partido se hizo raro, porque el Espanyol no se decidía a atacar (pese a necesitarlo) y el Barça no quería arriesgar (porque iba ganando). 

Quería detenerme en las dos expulsiones que marcaron el duelo. Para mí estuvieron ambas bien juzgadas en el campo por Munuera Montero (sacó sendas amarillas a Ansu Fati y Pol Lozano), pero, claro, vistas con detalle en la televisión, ambas podrían ser interpretables como rojas. Desde el VAR le avisaron de que fuera a ver la de Ansu Fati, a pesar de que el chaval toca el balón, y entonces su cartulina cambió de color. Estoy convencido de que si la jugada en la que Pol Lozano tarda un poco más el españolista no habría sido expulsado. En el minuto 4 hay una acción igual de fronteriza de Raúl de Tomás con Busquets en la que el delantero le clava en la cadera los tacos al azulgrana por la que no vio ni siquiera amarilla. Puede que Munuera no la viera, pero en la tele no había duda. Era igual de susceptible de ser tan roja como las que se mostraron, pero esta vez, qué casualidad, como beneficiaba al Barça, no hubo chivatazo desde el VAR. Quitando jugadas y acciones concretas que puedan beneficiar o perjudicar a un equipo u otro en un momento dado, insisto en que la manera de pitarle al Madrid y al Barça no tienen absolutamente nada que ver. El Madrid nunca salta al campo pensando que el árbitro es un elemento que puede estar en su contra, aunque en algún momento, claro, pueda incluso perjudicarle. Y eso es una gran ventaja a la hora de jugar, porque puedes centrarte exclusivamente en el juego. Para el Barça es todo lo contrario, sale al campo pensando en qué no se debe equivocar para que no le perjudiquen, por mucho que en ocasiones pueda salir beneficiado de forma puntual. Eso puede sacarte muchas veces de los partidos. El Barça ha desarrollado su juego, basado en la posesión y en cometer las menos faltas posibles, porque si está en manos del rival y del árbitro de turno es para echarse a temblar. Cualquier error es penalizado, algo que al Madrid no le ocurre, como hemos visto en la increíble sucesión de jugadas polémicas todas resueltas a su favor en esta etapa de la Liga postpandémica. Aun así, aun sabiendo lo difícil que es para el Barça arrebatar un título a los blancos, Messi y compañía siguen luchando cada jornada. Es admirable, porque podrían dejarse ir. El Madrid mismo se ha rendido infinidad de veces mucho antes en la última década. Pero ahí siguen, dando guerra. Las posibilidades de que el Madrid pinche, jugando con la red con la que juega, sabemos que son muy remotas, pero hay que agotarlas. Somos el Barça. 

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