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Transmite alegría de vivir: el Barça es como la Coca-Cola

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John Stith Pemberton inventó la Coca-Cola en 1886. Pocos años después, en 1899, Joan Gamper fundó el FC Barcelona. Pemberton, un farmacéutico de Atlanta, buscaba un jarabe contra los problemas de digestión que además aportara energía y lo que encontró fue la bebida más universal después del agua. Gamper, un sportman suizo, pretendía integrar a las personas a través del ejercicio físico y lo que dejó para la posteridad fue el club de fútbol con más seguidores del mundo. Pasado más de un siglo desde su creación, estas dos multinacionales venden lo mismo al mundo: felicidad. El Barça es como la Coca-Cola: transmite alegría, diversión, fantasía, riesgo, aventura. Por eso el club acaba de recibir uno de los Premios Alegría de Vivir. Por expandir estos y otros valores. Los galardones, ya por su cuarta edición, premian el buen hacer de profesionales e instituciones que actúan como referentes positivos y nacieron en 2013 por iniciativa de la polifacética artista cubana Lucrecia (cantante, escritora, actriz y presentadora), a quien tuve la suerte de ver en directo en los inicios de su carrera en un concierto en el Café Central de Madrid.

El Barça representa todo lo contrario de lo que acabamos de ver en las semifinales de Champions, donde el único equipo valiente de verdad, el Bayern de Guardiola, ha sido el único que cayó derrotado. Todavía queda la vuelta y yo aún no lo daría por eliminado, pero es el que peor lo tiene para alcanzar la final. En cambio, Manchester City y Real Madrid, dos de las plantillas más caras del mundo, conservan aún todas las opciones después de ofrecer al mundo un espectáculo aburrido y deprimente. Los dos equipos actuaron igual de cobardes, sin ninguna grandeza y cometieron el mismo error: no saber qué hacer con el balón. Es el mismo partido que habría salido del enfrentamiento entre el Atlético de Simeone y la Grecia de Otto Rehhagel, dos conjuntos que se habrían anulado por completo y vencido por medio gol, si eso fuera posible, igual que solían hacer el Liverpool de Benítez y el Chelsea de Mourinho en aquellos duelos insufribles de pasadas Champions.

Cuando yo era joven, la crítica deportiva era bastante unánime a la hora de denunciar este tipo de planteamientos. El Madrid de la Quinta del Buitre, el Milán de Sacchi y el Barça de Cruyff contribuyeron a moldear mi criterio estético futbolístico y creo que el de toda mi generación. Javier Clemente tiene razón al señalar que él ya hacía en los años 80 y 90 el tipo de juego que ahora se alaba tanto en Mourinho o Simeone: sus equipos hacían una defensa al límite del reglamento, concedían pocos regalos al espectador, pero eran muy compactos y efectivos. Entonces, Clemente era un incomprendido y su fútbol, denostado. Por eso me sorprende que ahora se alabe tanto el espíritu de Pepe o el del Cholo. En fútbol se puede ganar de mil maneras y cada uno lo disfruta como quiere (es notorio que los atléticos están encantadísimos), pero hay formas de ganar que pueden ser más atractivas y divertidas que otras y que pueden seducir a más espectadores de otros equipos distintos al nuestro. Yo, por supuesto, me quedo con la que practica el Barça, con su alegría de vivir.
(Foto/Autor: Un festejo del Barça de esta temporada y una imagen de la entrega del premio Alegría de Vivir en la que aparecen Rexach, Lucrecia, Cristina Cubero y Fusté/Germán Parga-FCB)

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