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Tridente con química y tridente sin química

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La química y las buenas relaciones humanas son muy importantes en un equipo. De ahí que las noticias de más impacto en la afición (la mayoría inciertas) sean siempre aquellas que ponen en duda esa buena armonía. Un equipo de fútbol, supuestamente, es capaz de aparcar al principio de cada partido las diferencias que pueda haber entre sus integrantes para lograr el objetivo funcional de obtener el triunfo en cada partido. Pero el feeling de los jugadores fuera del campo se nota dentro del terreno de juego. Y mucho. La misma semana en que la Revista del Barça mostraba al mundo la complicidad de su tridente y el mismo tridente, por medio de Neymar, publicaba un selfie que se convertía en portada de algún periódico, en Madrid se despiertan cada día con el supuesto conflicto entre las dos máximas estrellas del equipo, Cristiano y Bale, cuyas diferencias habría aireado Jonathan Barnett, el representante del segundo. El Barça parece que tiene un tridente con química. El Madrid, sin ella.

Resulta evidente que Cristiano se siente más a gusto jugando con Benzema. Al menos le pasa más el balón que al galés. No sé si Cristiano y Bale se llevan mal o no se llevan. Lo que sí sé es que la química entre los jugadores se nota bastante en el campo. Eso es lo que salta a la vista cuando Messi, Neymar y Luis Suárez se ponen a jugar y lo que echan en falta en la capital cuando Cristiano y Bale hacen cada uno la guerra por su cuenta con cooperaciones escasas y muy puntuales entre ellos. El tridente del Barça, ya lo que glosado aquí varias veces, se complementa perfectamente. Cada uno de los tres hace mejor al compañero. Los tres saben que individualmente son muy buenos, pero que juntos son aún mejores.

El peligro de antagonismo entre dos jugadores es que provoca divisiones en los equipos y eso se traduce en falta de compromiso, discontinuidad en la actividad y ausencia de solidaridad. Entonces aparecen las conductas egocéntricas, individualistas y agresivas hacia los compañeros. La psicología deportiva ha estudiado muy bien este tipo de comportamientos. Estoy de acuerdo en lo que suele decir Valdano: un equipo de fútbol es un estado de ánimo. Para que ese estado de ánimo sea lo más positivo posible, las relaciones humanas deben ser lo mejores posibles. «Para ser sincero, mi número de teléfono no lo tienen muchos en el vestuario, donde trato de pasar desapercibido», ha dicho Bale tras clasificarse con Gales para la Eurocopa. Si después de más de dos años trabajando en un equipo profesional, casi a diario, cambiándose, comiendo y viajando juntos más que con la propia familia, Bale sale diciendo esto es que su integración en el equipo es manifiestamente mejorable. Y eso acaba notándose en el césped. Los jugadores son profesionales, claro que sí, pero también son humanos, y es imposible separar completamente una cosa de la otra. Unos buenos profesionales pueden conseguir éxitos, por supuesto, pero si hay complicidad entre ellos, si se llevan bien, si congenian, si son felices haciendo su trabajo, cumplirán sus objetivos con mayor facilidad y continuidad.

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