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Triste adiós a una Liga triste

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El Barça dijo adiós definitivamente a la Liga más triste que uno recuerda con una derrota frente a Osasuna (1-2). Para mí, como supongo que para muchos barcelonistas, ni siquiera fue una decepción, pues casi era una realidad desde la derrota en el Bernabéu y era algo que ya intuía desde el relevo de Valverde por Setién, un sinsentido que al final se ha acabado pagando. Entiendo que ahora todos los que jaleaban el cambio en el banquillo por la supuesta tristeza de Valverde estarán enormemente felices. Con Setién no han llegado ni el buen juego que pregonaban sus acólitos ni, por supuesto, los resultados, la mayoría mediocres. No voy a volver a comentar los errores añadidos que se han cometido desde la dirección deportiva durante esta temporada, porque están de sobra glosados en este blog. Setién no tiene toda la culpa de lo que le ha sucedido al equipo, por supuesto, pero para mí no ha mejorado en nada lo que había hecho Valverde. Es más, creo que le empeora la comparación y, como dije nada más nombrarlo, creo que no continuará la próxima temporada. Sólo un milagro, en forma de título de Champions, podría darle esa oportunidad de seguir el curso que viene. Sólo hemos visto un partido realmente bueno, acorde con la historia reciente del Barça, desde que se hizo cargo del equipo, el de Villarreal. 14 victorias, 4 empates y 4 derrotas es el pobre saldo de un técnico que recibió al equipo líder de la Liga y ya ha perdido 2 de los 3 títulos a los que aspiraba cuando cogió las riendas azulgranas. 

Contra Osasuna se volvió a notar su falta de cintura a la hora de revertir los problemas que plantea el rival. Puede que tenga una idea muy bonita en su cabeza de cómo debe jugar el Barça, pero no la hemos visto por ningún lado. De nuevo una buena defensa volvió a echar por tierra su multitud de pases en parabrisas que no van a ninguna parte, su falta de profundidad y sus escasos recursos para atacar muros bien formados. Nadie regatea, nadie se va a la línea de fondo, nadie centra, nadie tiene imaginación salvo Messi, el único que intenta algo diferente. El único recurso parecen ser paredes casi imposibles por el centro, en las que se ha de tener una precisión quirúrgica en 3 o 4 combinaciones para tener éxito. En cambio, cualquier rival, en dos o tres pases se planta con peligro en el área de Ter Stegen. Así llegó el primer gol de Arnáiz y así llegó, ya en el tiempo añadido, el tanto de la victoria osasunista, que además jugaba con 10 para mayor escarnio. Al final del partido, Messi, que había vuelto a colar un golazo de falta y que lo había festejado con rabia porque era el cuarto que intentaba sin puntería, advirtió que si el equipo se comportaba igual contra el Nápoles, la derrota estaba asegurada. El Nápoles de Gattuso, defiende y contragolpea mucho mejor que Osasuna, como ya se pudo ver en la ida de octavos (1-1). 

Hasta ese partido (8 de agosto), que puede poner un punto final a esta temporada para olvidar o abrir paso a la ilusión de un nuevo título tan importante como la Champions con sólo 3 partidos por delante, quedan nada menos que 22 días. Hay tiempo más que suficiente para descansar, limpiar la mente, como dice Messi, y preparar tanto ese encuentro como los restantes, que serán todos durísimos. Ahora estamos todos un poco tristes, aunque ya digo que yo no demasiado, porque el fútbol de ahora es esencialmente triste. Ni los que han ganado el título, con otro penalti a favor inventado, cómo no (acaba con 11 a favor, el que más, y 2 en contra, el que menos) han podido celebrarlo. Tras el confinamiento, el Barça no ha estado a la altura de su historia reciente, por supuesto, y el Madrid gozaba de una plantilla mucho más amplia, eso está claro, pero ha parecido, bajo el disfraz de un accidente, que los que diseñaron y dieron luz verde a este sucedáneo llamado nuevo fútbol no estaban dispuestos a que ese 8 de 11 que reflejaba la estadística de títulos ligueros a favor del Barça continuase creciendo. Esa al menos ha sido mi impresión en estos últimos 10 partidos. 

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